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Foto de portada: Oliver Kornblihtt

 

El partido de Argentina y Holanda acaba de terminar y en la calle que atraviesa el barrio Vila Madalena se junta un grupo de no más de veinte o treinta argentinos, remeras de la selección, las caras pintadas, que euforian a los gritos. A su alrededor algunas cámaras de televisión, periodistas. Detrás, otro grupo, mayor, que también euforia aunque en sentido contrario.

 

De poco, los cantos se mezclan aunque el segundo es más numeroso y la abulia del repetido “Mil gols, mil gols, mil gols, só Pelé, só Pelé, só Pelé; Maradona cheirador (aspirador)» tapa al ingenioso (?) y complejo (??) “Brasil decime qué se siente”. Los cantos son lo único que se mezcla, entre ambos grupos hay una estrecha franja que un argentino intenta conciliar. En un portugués chapucero dice que no tiene sentido una pelea ahí, que mejor que cada uno cante de su lado: los más de doscientos policías armadurita de keblar, palos y cascos no van a diferenciar colores patrios. Pero otro argentino se le acerca y tomándolo de un brazo le dice que lo mejor, sino quiere convertirse en mártir inútil, es que se corra.

 

Un bando, con la certeza negra que cargan desde hace veinticuatro horas, el otro con la intensa expectativa de lo que hasta no hace tanto parecía imposible.

 

Los brasileños son cada vez más. El conciliador se retira.

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El metro línea amarela está llegando a la estación Pinheiros. En uno de los televisores, pequeños y silenciosos, que hay dentro del vagón una modelo sonríe, rulos perfectos, dientes blanquísimos.

 

En letras fucsias sobre fondo azul. “Sorria. E o bom humor e otimismo fazem bem ao Coração”.

 

Nadie mira el televisor. Ni la mujer con pollera, ni el hombre que lee el diario: ninguém.

 

Y, luego, en letras verdes sobre fondo gris: “Preocupacao pela hostilidade entre brasileiros e argentinos”.

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Explica un brasilero, acá es común la discusión a dos metros de distancia, los gritos cruzados, uno con una remera, otro con otra, y luego, una sonrisa, un gesto de distensión o la simple ignorancia y cada uno por su lado. Si uno no está acostumbrado a eso, la acción parece violenta.

 

 

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Me cuenta el fotógrafo peruano Boris Mercado que vio, en el centro de la ciudad, una escaramuza. Argentinos contra brasileños, algo breve e intenso. Golpes de puño y botellas. Según me dice: los argentinos provocaban. Al parecer, a los policía (militar) no le importó tanto el detalle.

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El partido por el tercer y cuarto puesto debería ser abolido, me dice el brasileño y luego que mejor su nombre no lo ponga. No está orgulloso de hinchar por Alemania en la final del Mundial. No públicamente. Quiere que Brasil gane mañana, por supuesto, aunque piensa que dos rivales humillados no van a conseguir gran cosa.

 

—Si fuera con Argentina, disputa continental, sería otra cosa. Pero ¿ganarle a Holanda?

 

Y sin embargo.

 

Y explica por qué, salvo excepciones, cuando uno preguntan, los brasileros responden sin dudar que en la final del Mundial van a hinchar por el equipo que siete veces, una detrás de otra, Muller, Klose, Kroos, Kroos, Khedira, Schurrle y Schurrle de nuevo, penetró la línea del arco verdeamarelo.

 

Una parte, con una visión más política y regional, quiere que Argentina gane por la Integración Latinoamericana: quede la copa en la Patria Grande.

 

Una parte quiere que Alemania gane porque piensa que eso interferirá en las elecciones brasileñas, en octubre.

 

Una parte quiere que Argentina gane porque piensa que eso interferirá en las elecciones brasileñas, en octubre.

 

La mayoría quiere que Argentina pierda. No les importa que los alemanes sean buenas personas, que aunque ganen millones se hayan sacado fotos con el conserje del hotel, eso es retórica: la verdad, les importa que la Argentina pierda.

 

Están los que venderán las entradas en miles de dólares y otros que el domingo estarán allí, sentados en sus asientos, cantando sobre los mil goles de Pelé, sólo por la posibilidad de que de alguna manera, su rival de toda la vida sufra la misma humillación por la que ellos pasaron. Como en el resto de las canchas, el domingo, los hinchas de ambos equipos estarán mezclados. Creen muchos aquí, lo que pase dentro de la cancha será clave para lo que ocurra en la tribuna. El campo de juego vaticinará la posibilidad de la violencia.

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El jueves a las 17, el título catástrofe de la página web de la Cadena O Globo, en letras enormes, impactantes, indicaba: “Robben: ´Argentina nao tem chance´”.

 

Y sin embargo.