Alejandra Laera no podría hacer otra cosa en su vida más que leer y escribir. Es una convencida de la importancia cultural y política de la actividad intelectual. Sobre su escritorio descansan un montón de papeles y notas junto a su laptop, varias pilas de libros que responden a las diferentes cosas con las que trabaja en este momento (Rancière, la poesía de Vallejo, un libro de Sergio Chejfec, la preparación de la novela de Barthes y «mucho Sarmiento», cuenta).

Es Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires e Investigadora Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y Profesora Adjunta de Literatura Argentina I en la Universidad de Buenos Aires. Ha sido profesora visitante en universidades de su país y del exterior (Stanford U, Wesleyan U, Universidad Nacional de Rosario, PUC-Río). Es autora de El tiempo vacío de la ficción. Las novelas argentinas de Eduardo Gutiérrez y Eugenio Cambaceres (Fondo de Cultura Económica, 2004), y directora de El brote de los géneros (2010), tercer tomo de la Historia crítica de la literatura argentina. Su curriculum es extenso, sus publicaciones, vastas.

 

Fan del yoga, pero no de cualquiera, sino del fuerte e intenso, dice que el mayor desafío del crítico es ser creativo dentro de los requisitos académicos de la investigación; sostener siempre la combinación entre la rigurosidad y la creatividad crítica.

 

Nunca tuvo perro: les tiene fobia. Pero se esmera. De a poco, día a día, se ha vuelto más tolerante con esta clase de animal.