Al terminar el secundario, Diego Zenobi quería estudiar una disciplina relativa a ‘lo social’. Optó por antropología en detrimento de sociología por el componente exótico, que lo sedujo desde un principio. Al comienzo, la universidad le resultó de lo más ajena: tenía sus amigos, una banda de rock y una vida afuera más allá de la facultad que le resultaban mucho más atractivos. Sin embargo, creía que la antropología le iba a revelar los secretos de la alquimia social que tanto le intrigaban. En eso la Universidad de Buenos Aires no lo defraudó: le abrió una ventana a un mundo que permite extrañarse y poner en cuestión todos los aspectos sociales que a priori parecen «obvios».

Años después, luego de recibirse, decidió iniciar el camino de las becas que otorga el Conicet. Una vez concluido su doctorado, el trayecto obligado fue intentar ingresar al Conicet como investigador. Actualmente es docente de grado y posgrado de la UBA, e investigador Asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Sus trabajos de investigación han dado lugar a la publicación de artículos en revistas nacionales y extranjeras sobre temas como moral y política; emociones y demandas de justicia; protesta social y clase media; método etnográfico y trabajo de campo, entre los principales. Actualmente centra su trabajo de investigación en el estudio del papel de los expertos estatales en la producción social de las víctimas. Asimismo codirige un proyecto de investigación que tiene como objetivo el estudio de las modalidades de organización y demanda pública de los familiares de personas privadas de libertad (UNLZ- Ministerio de Justicia).

Durante su carrera, los textos que más le impactaron fueron las primeras descripciones de Bronislaw Malinowski sobre los habitantes de las islas Trobriand de la Melanesia, realizadas alrededor de 1930. Como la mayor parte de los clásicos con los que se estudia antropología social, el libro era y es inconseguible: durante mucho tiempo tuvo un apunte que quedó perdido en una bolsa en un sótano. Ahora tiene el libro entero en una fotocopia anillada.

Antes de quedarse dormido piensa en el posible autor de un crimen: está viendo la serie The killing y esa duda lo tiene mal.