Hace unos años, Federico Bianchini se cruzó a Fogwill en una pileta de Almagro. Los dos nadaban. ¿Es él?, se preguntó. ¿Es el de la solapa de “Restos diurnos”? Y era. Lo volvió a ver dos años después en la misma pileta y lo entrevistó varias veces hasta que tuvo terminado el perfil del escritor argentino. Con esa crónica ganó el premio Las Nuevas Plumas. Se obsesionó con los nadadores: perfiló a María Inés Mato (la nadadora a la que le falta una pierna), Damián Blaum (que nada 8 horas seguidas en aguas abiertas) y Matías Ola (quiere dar la vuelta al mundo a puro nado) y publicó sus historias en revistas como Brando, Gatopardo, Etiqueta Negra y Don Juan. Con ese currículum era el cronista ideal para contar al Zaffaroni que pocos conocían: el juez que nada dos o tres kilómetros por día. En el medio de su reporteo sobre Zaffaroni, una calurosa tarde de marzo, Bianchini fue tentado por Anfibia. Y hoy es editor. En enero de 2013, con esa crónica, ganó el premio Don Quijote, dentro de los premios Rey de España. El jurado indicó que Bianchini «consigue con gran maestría y riqueza del lenguaje retratar a un personaje controvertido en sus múltiples facetas personales y profesionales, utilizando con brillantez técnicas periodísticas y literarias que hunden sus raíces en la mejor tradición del nuevo periodismo iberoamericano».

En febrero de 2014, para hacer una nota para Anfibia, viajó a la Antártida. Se iba a quedar cuatro días. Estuvo un mes.

En abril de 2015, publicó «Desafiar al cuerpo», por la editorial Aguilar. 

Ese año después recibió el premio estímulos TEA 2015, en la categoría «Tarea periodística en Medios Digitales». 

Con un proyecto de libro sobre la Antártida, en enero de 2016 un jurado integrado por Daniel Samper Pizano y Jon Lee Anderson (maestros de la FNPI) y Aléx Ayala le concedieron la beca Michael Jacobs de periodismo de viaje, organizada por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.