Era un niño tímido y los relatos de fútbol lo sacudieron. Tal fue esa pasión que se imaginó torneos de fútbol y después de básquet, donde Mannarino era quien hacía los relatos y los comentarios. Le costaba darse con la gente y descubrió que uno de los pocos libros que su padre guardó en un depósito que estaba al lado de su pieza, tenía una mordedura de rata. El libro era “A sangre fría”, de Truman Capote. Lo leyó y nunca más paró: se entregó por completo a la religión de la lectura. Porque escribir, dice, es antes que todo ser un lector voraz, devoto y fiel de la buena literatura.
Perdió a su mascota, un pequinés llamado Stich, en el temporal que destrozó La Plata. Aún no la encontró y sigue recibiendo, cada tanto, el dato nuevo de un perro encontrado. “El 80 por ciento son caniches. Me revienta que la gente no sepa diferenciar un pequinés de un caniche. Los pequineses son singulares, tienen una historia milenaria y mística, no como los caniches, que son perros de la farándula y víctimas del cancherismo, y que suelen ser estupidizados al grado que se los confunde con un juguete de peluche”, dice.
Fanático de Gimnasia y Esgrima de La Plata, tuvo unos últimos años muy difíciles. Al Lobo le pasó de todo. Con el equipo de vuelta en Primera División, está tranquilo. Los dirigidos por Pedro Troglio le transmiten seguridad, momentos de buen fútbol y mucha entrega. 
Una vez recibido de periodista en la Universidad Nacional de La Plata, se metió en el Profesorado de Historia de la Facultad de Humanidades. Actualmente es docente de la Facultad de Comunicación Social de la UNLP, periodista, y escribe y dirige obras de teatro. Coordina la experiencia de “Teatro Intimo”, que sucede en La Plata y se trata de hacer puestas en escena en casas particulares. Ya van por las 20 funciones, y confiesa que no hay nada más atractivo que un espectador que se anima a romper el voyeurismo y entra a una habitación donde un actor, a centímetros suyo, le transmite la carne viva de un cuerpo en trance.