Después de tres años de crisis un día Luciana Mantero decidió que su vida sería buen material periodístico-literario y empezó a escribir El deseo más grande del mundo (Paidós, 2015), basado en su experiencia y la de otras nueve mujeres a quienes les costó la maternidad. Desde entonces recibe a diario un mensaje de alguna lectora en apuros, a quien termina dando ánimos, algún consejo o dato útil del submundo de la infertilidad. En las presentaciones de su libro la mayoría terminan llorando.

Luciana trabajó como encargada de prensa de una ONG. Detestaba insistirle a sus colegas para que publicaran las gacetillas. Llegó el día en que se hartó: renunció y se puso a escribir su primer libro, Margarita Barrientos, una crónica sobre la pobreza, el poder y la solidaridad (Capital Intelectual, 2011). Sobre él la revista Ñ publicó: “La autora escribe contra todos los lugares comunes con los que se suele signar la pobreza para dar cuenta de la realidad de un personaje a punto de ser domesticado por su imagen pública”.

En 2012 obtuvo una mención especial del Premio Estímulo TEA al periodismo joven por esta publicación y en 2013 el segundo premio, categoría solidaridad social, de los Premios ADEPA al Periodismo. Trabajó en diarios (Ámbito Financiero, Publimetro), televisión (América Noticias, P&E), radios (América, Rivadavia, FM Palermo) y ONGs. En 2002 colaboró con la investigación y redacción del libro Cartoneros (Norma, 2002), de Eduardo Anguita. Publicó notas en Revista Viva, La Nación Revista, Clarín, el sitio web Desigualdad de Univisión Noticias, Las 12 de Página 12, Revista Tercer Sector, entre otros medios.

El escritor Jorge Carrión la mencionó como una de las cronistas imprescindibles de latinoamérica junto a Josefina Licitra, entre otras.

Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires.

Hace poco, Luciana soñó que participaba en el programa de televisión Combate de Canal 9, del que su hijo mayor es fanático, sólo que en lugar de alguna prueba atlético-deportiva en paños menores, tenía que vestirse de blanco como para tomar la comunión, cantar en un coro y simular una fiesta de casamiento.

Los últimos meses se la pasó viajando por el país presentando El deseo más grande del mundo.