A los 25 años, cuando estaba terminando la carrera de administración, Rafael Beltrán descubrió que esa profesión, en realidad, no le gustaba nada. Su pasión por querer entender el comportamiento humano lo llevó a anotarse en psicología. A los 30 años, un amigo de Rosario le pidió que ayudara a su sobrino tenista. El chico se ponía muy nervioso antes de los partidos. Así arrancó en el campo de la psicología del deporte. 

Hoy, con 45, es Doctor en Psicología, dirige «Performance Psychology» donde se ofrece un servicio de psicología orientada al alto rendimiento tanto de equipos como a nivel individual de deportistas, empresarios, ejecutivos y profesionales. Es especialista en Negociación Estratégica de Harvard y miembro de la British Psychological Society, de la Association oí Business Psychologists y del Special Group in Coaching Psychology. Cuenta con clientes en Argentina, Mexico, Estados Unidos, España, Canada y China

Fue el psicólogo deportivo del centro de entrenamiento del Vilas Club, de la primera de rugby de Manuel Belgrano en su ascenso a primera división, con el club Belgrano Athletic con los equipos de hockey femenino, donde también se alcanzó el ascenso, y con el equipo de hockey femenino de la primera del club Christian Andersen. 

Actualmente asiste a futbolistas, golfistas, patinadoras artísticas y a entrenadores de distintas disciplinas.  

Por lo general, cuenta Rafael, los preparadores físicos tienen un concepto de la psicología del deporte y de lo motivacional muy diferente, basado en la exigencia y el compromiso y el querer ganar a toda costa. Él, en cambio, intenta desarrollar confianza, relajación y que no haya tanta desesperación por ganar. A veces resulta difícil trabajar dentro de un cuerpo técnico cuando el otro es conceptualmente opuesto. 

Pero vale la pena intentarlo por la satisfacción de ver como se transforman las personas cuando pueden ver que, algunas cosas de las que estaban convencidos, eran erradas. Y, dice Rafael, al contrario de lo que creen tantos, las personas cambian.

Lo mejor que le pasó ayer fue enterarse de que una paciente decidió mantener la relación que pensaba terminar porque, se dio cuenta, seguía queriendo a su marido.