El rector de la Unsam frente al balotaje

Bajo el mismo cielo

“Desde las ventanas de mi oficina veo día a día miles de jóvenes que transitan nuestro Campus forjándose un destino. La mayoría de ellos primera generación de universitarios en sus familias. Cientos de jóvenes investigadores, muchos de ellos repatriados en estos años, llenan nuestros laboratorios y centros de estudio. Cuando los veo preocupados por generar conocimiento que transforme el país, del mismo modo que el conocimiento transformó sus vidas, siento que la Argentina tiene futuro”. En esta carta, el rector de la Universidad Nacional de San Martín explica porqué vota a Scioli.

Estimados colegas de la Universidad de San Martín,

queridos estudiantes,

ciudadanos de San Martín,

 

Los argentinos estamos ante una experiencia inédita: por primera vez, elegiremos presidente de la Nación en segunda vuelta.

 

El proceso democrático en el que estamos inmersos, cualquiera sea el resultado, debe ser motivo de celebración. La democracia no es un evento natural sino una construcción social que, como bien sabemos los argentinos, cuesta históricamente alcanzar y consolidar. Sin embargo, esta celebración sería vana si no nos ayudara a pensar el significado de lo que nos sucede y, en consecuencia, no fuera ocasión de dar un paso más en la madurez ciudadana.

 

Por ello, creo que las elecciones que tenemos por delante son, ante todo, una gran oportunidad para todos nosotros. En primer lugar, una oportunidad de señalar como hijos de esta patria, como habitantes de este suelo, todo aquello que aún resta para colmar nuestros anhelos de felicidad, de justicia, de paz, de una “vida buena” para todos y cada uno de los que moran bajo este inmenso cielo azul y blanco. Ojalá nunca, ni nosotros, ni nuestros hijos, ni los hijos de nuestros hijos, dejen de soñar con un horizonte mejor. Con la certeza de saber que ningún derecho o beneficio adquirido es eterno; que el retroceso siempre es cuesta abajo y se transita con mayor celeridad.

 

Pero también esta ocasión es una oportunidad para reflexionar: más allá de las pasiones, las múltiples y discordantes voces, los enojos, las carencias, lo que nos fastidia de las coyunturas de la vida. Que sepamos tomarnos la pausa para pensar con serenidad, responsablemente. Hacer un balance de estos años lo más cercano a lo objetivo. Un balance que nos permita vislumbrar también los verdaderos y más graves desafíos de la Argentina. Viendo nuestro país en el contexto de los retos impuestos por la realidad de un mundo complejo, violento, injusto. Un mundo lacerado, en muchos casos, por males que, gracias al esfuerzo de todos, hoy están lejos de nuestra experiencia. Hacer un ejercicio de reflexión con nosotros mismos, con los que amamos y nos aman. Con nuestros amigos y compañeros. Un ejercicio de diálogo que nos permita encontrarnos para buscar juntos las mejores respuestas a la más vital de las preguntas: ¿Qué sociedad queremos? ¿Por qué estamos juntos bajo este cielo? ¿Para qué estamos reunidos en esta tierra? ¿Qué tenemos en común? ¿Qué bien común queremos para todos? Esto sólo puede responderse buscando forjar en nosotros un “sentido común” que nos de luz y coraje para buscar primariamente el Bien Común de todos.

 

Soy nieto y bisnieto de inmigrantes por todos los costados. Mis abuelos, como tantos otros, llegaron sin nada a este suelo. Tan sólo tenían su talento, sus manos, su hambre de trabajo y el sueño de darle a sus hijos un porvenir en una nación moderna, próspera. Hoy la modernidad se llama igualdad de oportunidades para todos. Una equidad que sólo es posible con el deseo, la vocación y el trabajo solidario de todos. Una sociedad injusta, excluyente, que no proteja a los más vulnerables, a los menos influyentes, a los que no tienen voz, es una sociedad atrasada y condenada, por tanto, al desasosiego y la violencia. No es esa la sociedad que anhelaron nuestros abuelos al dejar su tierra, su familia, su lengua y embarcarse en la aventura llamada Argentina. Un país que imaginaban de inmensas posibilidades, sin restricciones al color de la piel o la procedencia.

 

Concretar nuestros sueños es una tarea que sólo es posible realizar entre todos. No creo en lo mesianismos. Creo en los liderazgos entendidos como servicio para que cada uno de los ciudadanos pueda sumarse a la construcción de ese Bien Común que incluye los anhelos justos de todos. Los reclamos justos de cada ciudadano. Para ello, la Argentina necesita un tiempo de estabilidad, de equilibrio, de previsibilidad, de debate y consensos para consolidar el rumbo y el sentido de nuestros logros. Un tiempo que nos ayude, a quienes pretendemos ser hombres y mujeres de buena voluntad, a recobrar la serenidad y la claridad para, más allá de la polvareda del fragor electoral, decirnos unos a otros cuáles son los valores más profundos que dan sentido a vivir juntos en esta patria. Una instancia para dejar de lado los egoísmos mezquinos, pequeños, acomodaticios y pensar en grande, sabiendo distinguir dónde y cuándo se bifurcan los destinos de una nación.

 

Como rector de una universidad pública, como profesor, como padre de familia, como un ciudadano más, siento que mi responsabilidad es convocarnos a la reflexión. Y además, confesarles con modestia y respeto, pero sin miedos, lo que considero lo mejor para las próximas elecciones. Hacerlo como la primera palabra que busca iniciar un diálogo sereno, desinteresado, abierto a todos.

 

Trabajar en la Universidad es un inmenso privilegio que me dieron mi país y el esfuerzo de mis abuelos y padres. Soy el primer universitario de la familia. Siento que la universidad es un laboratorio del futuro. Desde las ventanas de mi oficina veo, día a día, miles de jóvenes que transitan nuestro Campus forjándose un destino. También, la mayoría de ellos, primera generación de universitarios en sus familias. Cientos de jóvenes investigadores, muchos de ellos repatriados en estos años, llenan nuestros laboratorios y centros de estudio. Cuando los veo preocupados por generar conocimiento que transforme el país, del mismo modo que el conocimiento transformó sus vidas, siento que la Argentina tiene futuro. Siento que hay una Argentina poco vista, que no luce en las páginas escandalosas del cotorreo mediático. Pero es la Argentina profunda. La que veo también en todos los esfuerzos solidarios que anidan en nuestros barrios de San Martín. En las manos de nuestros trabajadores, los que pueblan las fábricas de San Martín. En el entusiasmo de todos los jóvenes emprendedores. La que veo en los rostros de nuestros jóvenes que estudian y trabajan para poder estudiar, y estudian para poder trabajar por un país mejor.

 

Siento que a veces somos injustos con la Argentina, con nosotros mismos, con lo que hemos sabido lograr entre todos. La gratitud hace bien y da coraje para ir por más. Para la universidad argentina, estos años han sido un tiempo de crecimiento, de maduración, de sueños realizados, de esperanza para miles de familias que pusieron sus hijos en nuestras manos. Para cientos de investigadores que volvieron a tener las condiciones básicas de trabajo. Que recobraron el sentido de trabajar por los grandes sueños del desarrollo científico y tecnológico de la nación.

 

Los datos objetivos de esta maravillosa experiencia son públicos. Detrás de ellos, hay vidas que han sido transformadas, que encontraron un horizonte de progreso y una posibilidad de servicio al bien común de los argentinos desde las labores del saber. Eso fue posible gracias a las convicciones y los valores que sostuvieron quienes lideraron este proceso. También gracias al esfuerzo, el respeto, la tolerancia y el apoyo de la ciudadanía. Sin estas fortalezas, cualquier declaración es monigotada. Importa lo que hemos hecho y las razones de por qué lo hemos hecho.

 

En estos años, tan sólo en razón de mis deberes, he mantenido contactos reiterados con Daniel Scioli. La primera vez que visitó nuestro Campus me pidió que creáramos una Escuela Secundaria Técnica para los sectores más vulnerables. Hoy esa escuela cumplirá dos años. Todas las veces que recurrí a él con inquietudes y proyectos respondió de la misma manera: escuchando, preguntando y siempre decidiendo. Sin poner por delante su beneficio político. Lo he visto apasionado por la educación superior, la ciencia y la tecnología al servicio del desarrollo nacional. Acompañó nuestras universidades con interés, respeto, admiración. Lo he visto, en estos años, dispuesto a sostener la humildad de aprender y reconocer que debía aprender de todos. Nadie es perfecto. Y el engaño, los errores, las agachadas y las seducciones del poder son siempre un riesgo que todo dirigente debe tener claro cómo resistir, para no traicionar la voluntad popular.

 

Pero hay estilos, trayectorias, lealtades, experiencias, vocaciones, compromisos y coherencias que hablan de quién es quién. Que nos sugieren la esperanza de ponderar con realismo y decidir con prudencia.

 

Por todo ello, no tengo dudas sobre la conveniencia para la Argentina de una victoria de Daniel Scioli. Por todo esto, yo voto a Scioli.

 

Carlos Ruta

Rector Universidad Nacional de San Martín

Por: Carlos Ruta

Carlos Rafael Ruta nació en La Plata, Provincia de Buenos Aires (1956). Cursó sus estudios de filosofía en la La Plata, Buenos Aires, Barcelona y Zúrich. Fue becario del Conicet y de la Universidad de Eichstätt (Alemania). Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Cuyo. En su trabajo de investigación se centró en el vínculo entre filosofía y hermenéutica.