sueños anfibios

 

Por: Diego Santalla

 

Ernesto Santalla (Marzo 1941-2004)

 

Papi, papá, papaíto, allí en la cama sudando tumores y la parca visitándote en sueños y yo más acá sudando culpas o lo que se dice regrets, pero con una calma impensada para esos momentos finales que uno no se figura ni en figurita, un mes nervios por River campeón, el tacho 93 desviviendo sea 120 por la aún angosta Gral. Paz, algunas caras sonrientes como fuera de lugar, despistes que exceden simples achaques etarios, de pronto médico y tomografía y olor a hospital, cama a 45° y baba en la comida humeante de pollos tristes y refinados, sin tardar diagnóstico de milaidies rubias de delantal pero ahora verde, que con suerte 6 meses (y la parca y la parca en sueños que charla como quien toma mate, pero sin bombilla y con guadaña, que Sueiro ni luz ni ocho menos cuarto), y ya un mes, y metástasis cerebral por aquí y por allá que a estas células anómalas no las fagocita nadie, menos que menos apoptosis, esto es un cáncer con todas las l-e-t-r-a-s.

 

Ay, papaíto puro manojo de nervios a ver si te calmas que así vivir no se puede, que casi que en esta calma obligada te veo mejor y más puro y más limpiándote por dentro y por fuera de todo ese karma puto de infelicidad y taxi y dolor de espalda y café con 2 medialunas a escondidas. ¡Ay! ¡adónde perdimos al selfmade man de clase media, de fotocopias a tesorero bancario, de tesorero a inmobiliaria propia puro éxito hasta que mi hermana, y accidente, y sicólogos e hipotecas (y karmas) que corroen lento, ¿quién ordenó un cáncer emocional?, ¡Yo! Y qué voluntad viejo que saliste y criaste dos pendejos más que hiciste de River hasta las pelotas, ay que cambiaron los tiempos y ahora Menem haciendo estragos con las certidumbres, y que vamos con el remís (chocado) y que nos mudamos a un 2 ambientes entre 6 (ahora sí el 504 pingüino que lento se sacrifica para llegar a fin de mes), y nervios y noches de Termidor con soda Cimes a los gritos conmigo y mi hermano que nos peleamos por pelotudeces o nos vamos de la mesa para ver Naranja y media, y con mi vieja porque nadie pone los puntos en esta casa y la puta que los parió y portazos, y toda la cuadra enterada.

 

Suspirando y azorados te escuchamos otro sueño, y que era tu viejo o mi abuelo que ahora te esperaba sentado al fondo del túnel (¿Sueiro Sueiro Sueiro?); y que tenías miedo y creías que no era el tiempo aunque sentías con el corazón que la semilla había madurado y la hora de cosecha estaba pronta.

 

Y aquí 10 años después a mi vieja la visitan sus padres y el mío sobre la almohada… y que casi le digo al Negro que juegue al 47, y justo Anfibia, y concurso, y escritura trabada por años cargada de incertidumbres Robert castellianas, y las palabras que se escupen solas en la laptop a pesar de los ojos cansinos y los gatos que maúllan como locos, y Dan Gibson con los indios del norte y el Raindance, y unos pajaritos que musicalizan con píopíos perfectos para la ocasión.