PANDEMIA Y DILEMAS POR VENIR

NUESTRO FUTURO

Con el presente en pausa, qué puede pensarse sobre el futuro cuando solo tenemos un diagnóstico nebuloso que negamos como hacen los moribundos mientras mitigan el dolor con morfina. Repensarlo implica un esfuerzo de imaginación y creación, ciclópeo, colectivo. ¿Solos a salvo o todos en riesgo? ¿Materia, cuerpo o mente?

Plantilla

por | Oct 22, 2020 | 1 Comentario

A mi lado un hombre hermoso tiene pesadillas. ¿Sueña con monstruos? ¿Sueña con un abismo en el que cae? Cuando está por llegar a lo profundo de su sueño, cuando su cuerpo largo y huesudo, labrado de tatuajes, está por caer en las rocas finales del precipicio que imagino, se despierta de un sobresalto y es tan cercano el temor que puedo olerlo. La mirada fuera de sí, los ojos en un brillo espectral, las sienes húmedas. Es un niño. Lo abrazo, lo tranquilizo, le digo que todo está bien, que no hay nada que temer, que duerma, que duerma, que duerma. Y lo hace, regresa a su sueño. A los días, a las semanas el miedo vuelve parecido. Suelo verlo de vez en cuando, nos encontramos en algún punto de la noche, en pistas electrónicas, en fiestas de perreo, en esquinas, en after hours. Es mi amigo, nos queremos. Y a veces se queda en mi casa y a veces él tiene miedo y yo lo protejo.

Mi amigo supo que era hermoso muy tarde, después de una adolescencia dura viviendo en casas tomadas y conventillos, yendo a escuelas donde lo discriminaban por negro, por pobre, por bailar como ninguno, por el pelo rizado, por la ropa. Pero gracias al pop supo de sí no sólo que era bello, de un modo perturbador, sino que supo de música, de ritmo, de beats, de letras increíbles. Y aprendió a bailar, a moverse como nadie con esos pasos en los que el cuerpo se gobierna antes que la mente, y a tocar, a cantar, a rimar la prosa del dub, la poesía del siglo pasado que entonces se terminaba. Y cuando supo que inquietaba con su silencio tímido y con su potencia artística se volvió modelo y posó para artistas, y tuvo su banda, y un día se enamoró y se fue yendo todo a la chingada.

Mi amigo tiene recuerdos y en las noches en vela de la cuarentena, que por casualidad finalmente transcurre en mi casa, me cuenta algunas escenas de esa vida de estrella pop, y de laburante, de esfuerzo inmenso por tener lo propio, y de pérdidas y vacíos, de confusiones y de errores. Y de sus sueños, de los que se sueñan despierto para pensar el futuro. Pero parece que yo no lo sé escuchar lo suficiente y no entiendo demasiado lo que quiere, lo que sueña. Parece que pasarán mil años hasta que pueda conocer a mi amigo. Quizás nunca. Quizás mañana. Mi amigo tiene recuerdos y un presente en pausa. Y en este presente viral tiene miedo. Entonces, cuando no había pandemias y nos podíamos juntar en la noche transida de baile y ruido, tenía miedo a los fantasmas de su infancia. Tenía miedo de lo que podía volver de esa zona oscura. Es normal, trato de decirle. Solemos temerle al pasado. A lo que ni siquiera podemos recordar de nuestro pasado.

Ahora, en estos días de pandemia, mi amigo le tiene miedo al futuro.

¿Cómo construir un futuro posible ante la incertidumbre global, el pendiente más intangible y complejo de desarmar de la pandemia? No nos queda otra alternativa que pensar la elaboración del futuro en múltiples dispositivos nacidos en el pasado reciente, que serán revisitados una y otra vez para capturar aquello que sea esencial. Lo esencial como nuevo orden de la política en nuestras vidas: bregar por lo esencial, apreciar lo esencial, compartir lo esencial. Una especie de mapa de curaduría global con raíz íntima y local, donde aquellos que produjeron cultura, ideas, metáforas e interpretaciones de la realidad vuelvan a visitarlas, ahora con la conciencia de una finitud masiva.

Nos vamos a morir. Muchos van a morir. Algunos vamos a morir. La conciencia de la enorme vulnerabilidad del humano.

Mi amigo, por ejemplo, podría haberse quedado en la casa de sus padres, que tuvieron que abandonar la que ocupaban en un barrio para mudarse a la de un pariente. Por eso fue providencial ese encuentro, días antes del anuncio de la cuarentena, y luego aquella noche que ahora parece tan lejana, cuando vimos juntos al presidente pidiendo que nos quedáramos en nuestras casas. Faltaban poco para las doce, y dijimos por qué no hasta el domingo. Y ya pasó un mes y mi amigo en casa y yo sin conocerlo. En esa dificultad mía quizás leí mal, quizás aún me equivoco, pero pensé en mi amigo en esa casa de otros con otros diez, y pensé que necesitaba estar tranquilo y mi casa es grande, y en la casa de mi familia siempre hubo lugar para los viajeros, para los amigos. Entonces más tarde creí que el único motivo para que él soportara una convivencia imposible era poner a funcionar las máquinas, sus máquinas, su capital preciado. Con ellas ha fabricado y mantenido durante los últimos años una marca de ropa. He visto cómo se peleaban por esas prendas los habitués de un antro en Palermo. He visto a estrellitas recién nacidas pelearse por esas prendas en la noche porteña. He comprado esa ropa alucinante para mi hijo, para sus amigos, he regalado lo que mi amigo hace con el orgullo de que lo hace un amigo. Mi amigo es de esas personas con talentos múltiples y de esos talentos ha entrado y salido, pero siempre regresa a dos que le han dado brillos y dinero: la música y el diseño. Claro que quién hace una fiesta, un recital, un festival, un pogo en estos días.

Y quién va a fabricar ropa en los días que corren, en los días que siguen. Mi amigo no lo duda: debe pedir entonces la ayuda de emergencia. Es lógico.

Hoy es es de las familias ¿Qué entendemos como familia? Matías y Celeste son dos activistas trans que decidieron gestar un hijo.
Tremendo texto.

El futuro de pronto son esos diez mil pesos que podrían ser combustible para las máquinas, para volver a la productividad. Pero recién, ahora mismo, en este presente santo, esa mínima bocanada de aire queda en suspenso y no le llega a los pulmones, y mi amigo, desde el otro extremo de nuestro encierro me lo dice con un mensaje que leo, como todo, maldita sea, en la pantalla: su solicitud ha sido denegada.

Aun así, él y millones de trabajadores informales que soportaron ya los cuatro años de pérdidas y recesión, y que pasaron por el 2001 en la calle y gaseados, en la calle y endeudados, en la calle y bailando Thriller, a pesar de todo, tiene en su haber el sueño que va más allá de la pesadilla: diseñar y hacer la ropa que le gusta, pasar la música que lo apasiona, organizar las fiestas que sabe, componer canciones, escribir letras, bailar. Solo se trata de resistir esta cuarentena, cruzar el umbral de tiempo extemporáneo que nos propone, y volver a arrancar. ¿Fundándolo todo de nuevo?

Nos vamos a morir. Muchos van a morir. Algunos vamos a morir. La conciencia de la enorme vulnerabilidad del humano.

Mi amigo, por ejemplo, podría haberse quedado en la casa de sus padres, que tuvieron que abandonar la que ocupaban en un barrio para mudarse a la de un pariente. Por eso fue providencial ese encuentro, días antes del anuncio de la cuarentena, y luego aquella noche que ahora parece tan lejana, cuando vimos juntos al presidente pidiendo que nos quedáramos en nuestras casas. Faltaban poco para las doce, y dijimos por qué no hasta el domingo. Y ya pasó un mes y mi amigo en casa y yo sin conocerlo. En esa dificultad mía quizás leí mal, quizás aún me equivoco, pero pensé en mi amigo en esa casa de otros con otros diez, y pensé que necesitaba estar tranquilo y mi casa es grande, y en la casa de mi familia siempre hubo lugar para los viajeros, para los amigos. Entonces más tarde creí que el único motivo para que él soportara una convivencia imposible era poner a funcionar las máquinas, sus máquinas, su capital preciado. Con ellas ha fabricado y mantenido durante los últimos años una marca de ropa. He visto cómo se peleaban por esas prendas los habitués de un antro en Palermo. He visto a estrellitas recién nacidas pelearse por esas prendas en la noche porteña. He comprado esa ropa alucinante para mi hijo, para sus amigos, he regalado lo que mi amigo hace con el orgullo de que lo hace un amigo. Mi amigo es de esas personas con talentos múltiples y de esos talentos ha entrado y salido, pero siempre regresa a dos que le han dado brillos y dinero: la música y el diseño. Claro que quién hace una fiesta, un recital, un festival, un pogo en estos días.

Y quién va a fabricar ropa en los días que corren, en los días que siguen. Mi amigo no lo duda: debe pedir entonces la ayuda de emergencia. Es lógico.

De pronto los espacios del estar con los demás, de ser en lo social, desaparecen durante la cuarentena. Se diluyen en un futuro cercano.

Mi amigo, por ejemplo, podría haberse quedado en la casa de sus padres, que tuvieron que abandonar la que ocupaban en un barrio para mudarse a la de un pariente. Por eso fue providencial ese encuentro, días antes del anuncio de la cuarentena, y luego aquella noche que ahora parece tan lejana, cuando vimos juntos al presidente pidiendo que nos quedáramos en nuestras casas. Faltaban poco para las doce, y dijimos por qué no hasta el domingo. Y ya pasó un mes y mi amigo en casa y yo sin conocerlo. En esa dificultad mía quizás leí mal, quizás aún me equivoco, pero pensé en mi amigo en esa casa de otros con otros diez, y pensé que necesitaba estar tranquilo y mi casa es grande, y en la casa de mi familia siempre hubo lugar para los viajeros, para los amigos. Entonces más tarde creí que el único motivo para que él soportara una convivencia imposible era poner a funcionar las máquinas, sus máquinas, su capital preciado. Con ellas ha fabricado y mantenido durante los últimos años una marca de ropa. He visto cómo se peleaban por esas prendas los habitués de un antro en Palermo. He visto a estrellitas recién nacidas pelearse por esas prendas en la noche porteña. He comprado esa ropa alucinante para mi hijo, para sus amigos, he regalado lo que mi amigo hace con el orgullo de que lo hace un amigo. Mi amigo es de esas personas con talentos múltiples y de esos talentos ha entrado y salido, pero siempre regresa a dos que le han dado brillos y dinero: la música y el diseño. Claro que quién hace una fiesta, un recital, un festival, un pogo en estos días.

Y quién va a fabricar ropa en los días que corren, en los días que siguen. Mi amigo no lo duda: debe pedir entonces la ayuda de emergencia. Es lógico.

Hoy es es de las familias ¿Qué entendemos como familia? Matías y Celeste son dos activistas trans que decidieron gestar un hijo.
Tremendo texto.

Mi amigo, por ejemplo, podría haberse quedado en la casa de sus padres, que tuvieron que abandonar la que ocupaban en un barrio para mudarse a la de un pariente. Por eso fue providencial ese encuentro, días antes del anuncio de la cuarentena, y luego aquella noche que ahora parece tan lejana, cuando vimos juntos al presidente pidiendo que nos quedáramos en nuestras casas. Faltaban poco para las doce, y dijimos por qué no hasta el domingo. Y ya pasó un mes y mi amigo en casa y yo sin conocerlo. En esa dificultad mía quizás leí mal, quizás aún me equivoco, pero pensé en mi amigo en esa casa de otros con otros diez, y pensé que necesitaba estar tranquilo y mi casa es grande, y en la casa de mi familia siempre hubo lugar para los viajeros, para los amigos. Entonces más tarde creí que el único motivo para que él soportara una convivencia imposible era poner a funcionar las máquinas, sus máquinas, su capital preciado. Con ellas ha fabricado y mantenido durante los últimos años una marca de ropa. He visto cómo se peleaban por esas prendas los habitués de un antro en Palermo. He visto a estrellitas recién nacidas pelearse por esas prendas en la noche porteña. He comprado esa ropa alucinante para mi hijo, para sus amigos, he regalado lo que mi amigo hace con el orgullo de que lo hace un amigo. Mi amigo es de esas personas con talentos múltiples y de esos talentos ha entrado y salido, pero siempre regresa a dos que le han dado brillos y dinero: la música y el diseño. Claro que quién hace una fiesta, un recital, un festival, un pogo en estos días.

Y quién va a fabricar ropa en los días que corren, en los días que siguen. Mi amigo no lo duda: debe pedir entonces la ayuda de emergencia. Es lógico.

Mi amigo, por ejemplo, podría haberse quedado en la casa de sus padres, que tuvieron que abandonar la que ocupaban en un barrio para mudarse a la de un pariente. Por eso fue providencial ese encuentro, días antes del anuncio de la cuarentena, y luego aquella noche que ahora parece tan lejana, cuando vimos juntos al presidente pidiendo que nos quedáramos en nuestras casas. Faltaban poco para las doce, y dijimos por qué no hasta el domingo. Y ya pasó un mes y mi amigo en casa y yo sin conocerlo. En esa dificultad mía quizás leí mal, quizás aún me equivoco, pero pensé en mi amigo en esa casa de otros con otros diez, y pensé que necesitaba estar tranquilo y mi casa es grande, y en la casa de mi familia siempre hubo lugar para los viajeros, para los amigos. Entonces más tarde creí que el único motivo para que él soportara una convivencia imposible era poner a funcionar las máquinas, sus máquinas, su capital preciado. Con ellas ha fabricado y mantenido durante los últimos años una marca de ropa. He visto cómo se peleaban por esas prendas los habitués de un antro en Palermo. He visto a estrellitas recién nacidas pelearse por esas prendas en la noche porteña. He comprado esa ropa alucinante para mi hijo, para sus amigos, he regalado lo que mi amigo hace con el orgullo de que lo hace un amigo. Mi amigo es de esas personas con talentos múltiples y de esos talentos ha entrado y salido, pero siempre regresa a dos que le han dado brillos y dinero: la música y el diseño. Claro que quién hace una fiesta, un recital, un festival, un pogo en estos días.

Y quién va a fabricar ropa en los días que corren, en los días que siguen. Mi amigo no lo duda: debe pedir entonces la ayuda de emergencia. Es lógico.

Mi amigo, por ejemplo, podría haberse quedado en la casa de sus padres, que tuvieron que abandonar la que ocupaban en un barrio para mudarse a la de un pariente. Por eso fue providencial ese encuentro, días antes del anuncio de la cuarentena, y luego aquella noche que ahora parece tan lejana, cuando vimos juntos al presidente pidiendo que nos quedáramos en nuestras casas. Faltaban poco para las doce, y dijimos por qué no hasta el domingo. Y ya pasó un mes y mi amigo en casa y yo sin conocerlo. En esa dificultad mía quizás leí mal, quizás aún me equivoco, pero pensé en mi amigo en esa casa de otros con otros diez, y pensé que necesitaba estar tranquilo y mi casa es grande, y en la casa de mi familia siempre hubo lugar para los viajeros, para los amigos. Entonces más tarde creí que el único motivo para que él soportara una convivencia imposible era poner a funcionar las máquinas, sus máquinas, su capital preciado. Con ellas ha fabricado y mantenido durante los últimos años una marca de ropa. He visto cómo se peleaban por esas prendas los habitués de un antro en Palermo. He visto a estrellitas recién nacidas pelearse por esas prendas en la noche porteña. He comprado esa ropa alucinante para mi hijo, para sus amigos, he regalado lo que mi amigo hace con el orgullo de que lo hace un amigo. Mi amigo es de esas personas con talentos múltiples y de esos talentos ha entrado y salido, pero siempre regresa a dos que le han dado brillos y dinero: la música y el diseño. Claro que quién hace una fiesta, un recital, un festival, un pogo en estos días.

Y quién va a fabricar ropa en los días que corren, en los días que siguen. Mi amigo no lo duda: debe pedir entonces la ayuda de emergencia. Es lógico.

Mi amigo, por ejemplo, podría haberse quedado en la casa de sus padres, que tuvieron que abandonar la que ocupaban en un barrio para mudarse a la de un pariente. Por eso fue providencial ese encuentro, días antes del anuncio de la cuarentena, y luego aquella noche que ahora parece tan lejana, cuando vimos juntos al presidente pidiendo que nos quedáramos en nuestras casas. Faltaban poco para las doce, y dijimos por qué no hasta el domingo. Y ya pasó un mes y mi amigo en casa y yo sin conocerlo. En esa dificultad mía quizás leí mal, quizás aún me equivoco, pero pensé en mi amigo en esa casa de otros con otros diez, y pensé que necesitaba estar tranquilo y mi casa es grande, y en la casa de mi familia siempre hubo lugar para los viajeros, para los amigos. Entonces más tarde creí que el único motivo para que él soportara una convivencia imposible era poner a funcionar las máquinas, sus máquinas, su capital preciado. Con ellas ha fabricado y mantenido durante los últimos años una marca de ropa. He visto cómo se peleaban por esas prendas los habitués de un antro en Palermo. He visto a estrellitas recién nacidas pelearse por esas prendas en la noche porteña. He comprado esa ropa alucinante para mi hijo, para sus amigos, he regalado lo que mi amigo hace con el orgullo de que lo hace un amigo. Mi amigo es de esas personas con talentos múltiples y de esos talentos ha entrado y salido, pero siempre regresa a dos que le han dado brillos y dinero: la música y el diseño. Claro que quién hace una fiesta, un recital, un festival, un pogo en estos días.

Y quién va a fabricar ropa en los días que corren, en los días que siguen. Mi amigo no lo duda: debe pedir entonces la ayuda de emergencia. Es lógico.

Por: Cristian Alarcón

Por: Cristian Alarcón

Si me querés, quereme transa generó una serie de fértiles debates sobre el concepto de verdad en la literatura, a raíz de su original manera.

Arte: Damián Lluvero (Pintorcito)

Arte: Damián Lluvero (Pintorcito)

Nació en Mendoza hace poco más de tres décadas. Es diseñador gráfico y trabajó como director de arte..

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