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Por: Karina Salguero-Moya

 

Fotos: José Tenorio

 

La historia futbolística de Costa Rica es tan estrecha como su geografía. Este país es parte del Istmo Centroamericano, una delgada y estrecha extensión de tierra montañosa y húmeda cuya función geológica es separar el Atlántico del Pacífico; y política, dividir Nicaragua de Panamá. Su población no es fronteriza, pero sí limítrofe. Y el de Brasil es apenas nuestro cuarto mundial.

 

Una tendencia a disminuirlo todo, a hacerlo chiquitico, marca el gentilicio tico.  Sin embargo, desde que se inició el Mundial de Futbol en Brasil, Costa Rica canta una nueva versión de su himno que solo tiene una estrofa: Celso Borges, Joel Campbell, Junior Díaz, Bryan Ruiz, Christian Bolaños, Oscar Duarte, Cristian Gamboa, Michael Umaña, Yeltsin Tejeda, José M. Cubero, Marco Ureña, Keylor Navas. Y un estribillo: Jorge Luis Pinto es Dios.

 

El primer mundial de Costa Rica fue Italia 90. Glorioso. El equipo llegó a una segunda ronda y los jugadores, lejos de deportistas, se convirtieron en próceres de la patria.

 

Para el Mundial del 2002, en Corea y Japón, la selección participó en la primera ronda. Cuatro años después, en la Copa de Alemania 2006, de nuevo se clasificó y pero no pasó la zona y quedó  en el puesto 31 entre los 32 países que se enfrentaron.

 

En esta ocasión, el país está poseído por el tricolor de la camiseta de la selección. El único símbolo patrio que se respeta es el gol. Incluso la prensa, en algunos de sus análisis, relaciona el desempeño de la selección nacional con la entrada del nuevo presidente, Luis Guillermo Solís, quien ganó las elecciones con un millón trescientos mil votos:  un triunfo histórico que para algunos de los periodistas nacionales solo es comparable con el triunfo de La Sele. Solís entra con un discurso de ruptura, luego ocho años de administración de un mismo partido político. Este ambiente de cambio del que se habla en las calles y en los consejos de gobierno, para muchos comunicadores es el mismo que se juega en las canchas a miles de kilómetros al Sur. Así es el fútbol.

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La historia de Costa Rica –una de ellas– comienza el 14 de junio del 2014. Costarricenses que frenan un día de trabajo para enchufarse al tele, cada quien más desapegado, más desentendido, sin expresión mayor. La esperanza, descrita en todos los medios, era “tener al menos una presencia digna”. Alberto Molina, cuidacarros, decía hace menos de un mes: “Ya por ir a Brasil, todo lo demás es ganancia”. Casi veinte millones de dedos cruzados después y tres goles a Uruguay, no había un solo “labriego sencillo” (fragmento del himno nacional original) en 51 mil kilómetros cuadrados. Hoy, 3 de julio, las redes sociales exprimen con humor local una naranja mecánica imaginaria.

 

«Yo no daba un cinco por la Sele. Ese equipo que entró a la cancha en este torneo, ¡es otra Selección!», dijo Pilar Cisneros, exdirectora de un canal de televisión local, quien fue una de las figuras públicas más críticas de Jorge Luis Pinto (Director Técnico del equipo de Costa Rica). La sorpresa fue internacional y Costa Rica de pronto se convirtió, en palabras de los comentaristas deportivos, en la Cenicienta de la Copa.

 

Minutos después del partido contra Italia, siete jugadores de la Sele fueron sometidos a una prueba antidoping. Martín Caparrós en Pamplinas, su blog en El País, supo sintetizar la frustración y sorpresa de los que ponen y quitan en el negocio del balonpié: “Toda una pérdida para el negocio FIFA y sus empresas asociadas. Por eso, quizá, para dar un ejemplo, la rabieta que terminó con siete ticos meando en un frasquito”. Pero días después, quien mejor gritó los sentimientos colectivos fue una aficionada retratada por el periodista Álvaro Murillo de La Nación, cuando en modo analista político y preafónica, dijo: “El rival ahora es Holanda y la FIFA”.

 

La profecía de los expertos de fútbol se cumplió. Dijeron que en el grupo D, mejor conocido como el Grupo de la Muerte, únicamente iba a pasar aquel que le metía más goles a Costa Rica. Tan acertada la predicción que el único que pasó fue Uruguay, justo el que metió más goles a Costa Rica: uno. Italia e Inglaterra cruzaron el Atlántico. Los ingleses –más generosos aún– dejaron a los ticos un toque mágico. Daniel Radcliffe, conocido por su papel de Harry Potter, declaró su apoyo al equipo tico. “¡No voy a apoyar a Uruguay o Italia!… Así que estoy apoyando a Costa Rica. ¡Ellos han sido impresionantes!”.

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Para agudizar el momento histórico. Costa Rica vive la paradoja más importante en sus severos conflictos políticos con Nicaragua. Cuando el eslogan en los búmpers de los autos: Ticos y nicas somos hermanos era ya insostenible, el seleccionado nacional Óscar Duarte –de origen nicaragüense–, como un gran canciller del fútbol, anota el primer gol nicaragüense en un Mundial.

 

Duarte, nacido en Masaya, ha mantenido a Nicaragua –cuyo deporte principal es el béisbol– hipnotizada frente a la tele en cada partido de Costa Rica. El periodista José Luis Sanz, residente en El Salvador escribió en su cuenta de twitter:  “Costa Rica ya hizo lo más difícil: que el resto de Centroamérica la apoye. Ahora solo tiene que ganar a esos pinches griegos”.

 

“Si yo fuera costarricense me pegaría un tiro en las pelotas”, sentenció Diego Armando Maradona.  Menos de 15 días después –aún con pelotas– se aclara la garganta y dice: «Si me dieran a elegir, jugaría con los costarricenses y tiraría unas paredes con Campbell… con mi edad a Argentina no llego, pero en un sueño o volando, me gustaría tirar una pared con un costarricense».

 

David Faitelson de ESPN, uno de los grandes verdugos de la crítica al futbol de Costa Rica twittea después del partido en el que eliminan a la selección de México: “Ahora sí, todos somos ticos”.

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El país se expresa en memes. Viste azulblancoyrojo. Mercedes Moya Gómez es una tejedora, le ha ido al equipo cartaginés desde siempre. El Club Sport Cartaginés es el equipo de la Antigua capital de Costa Rica. No ha visto a su equipo campeón durante su vida de aficionada. A sus 72 años se niega a cambiarse de Club, en unos días, cuando la Sele gane el Mundial, dice que comienza su carrera futbolística.

 

El domingo 29 de junio Costa Rica eliminó a Grecia de la Copa Brasil 2014 y con esto pasó a cuartos de final. Justo en el momento que estamos. Fueron días insomnes.

 

En camino de convertirse en un Estado laico, según lo prometido por el nuevo gobierno, hasta el más politeísta reza la única oración que los ticos quieren escuchar: Que sea lo que dios quiera: Que gane Costa Rica o que pierda Holanda.

 

La Suiza centroamericana está paralizada, ansiosa, suda. Hay casi cinco millones de Directores Técnicos contando las horas de un partido a otro. Los costarricenses que viajaron a Brasil sobrepasaron el presupuesto, alcanzaron la bancarrota y están por declararse indocumentados. Las celebraciones son superadas con cada marcador a favor. Los choferes ceden el paso, los amigos se pagan las cervezas, el menú festivo escasea, las pantallas planas tapizan las paredes, el país más feliz del mundo finalmente se aprendió el himno nacional. Sí, ya esto fue un gran triunfo, pero de este gran casino nadie sale invicto. Ya la copa no es el límite. Mañana sube el precio de la gasolina, ya se aprobó el aumento de la electricidad. Costa Rica quiere ser campeón.

 

El escritor Juan Villoro comentó que lo que se evidencia en este mundial es que Europa no ha conquistado América. Este país tico está ahora en Bahía, Brasil. El caucho de sus zapatillas, se derrite a 25 grados centígrados, mientras espera un silbato para salir al jardín a comerse la única oreja que le queda a Van Gogh.