En esta segunda edición del Premio Crónicas Interiores, el jurado expresa su satisfacción por el éxito de la convocatoria y la variedad de los temas trabajados. Llegaron más de cien textos de todo el país, desde los puntos más alejados de Capital Federal hasta el conurbano bonaerese. Historias que hablan sobre problemas sociales en pueblos y zonas rurales, pero también en las grandes ciudades. Épicas sobre héroes anónimos o casos que llegaron a la prensa nacional, pero fueron reconstruidos a partir de una lectura diferente. Personajes desconocidos, investigaciones originales, y crónicas que abordaron desde la producción científica hasta la violencia institucional.

El jurado celebra el esfuerzo de los participantes por narrar historias que no suelen tener espacio entre la producción cotidiana de escándalo e indignación que ofrecen las noticias, y que pueden iluminar otras realidades de la vida colectiva, pero exigen un tiempo y un espacio propios que muchas veces escasean, sobre todo para quienes trabajan en el interior del país.

 

Bajo la convicción de que este tipo de concursos tiene como función, más allá del dictamen, estimular la producción de otro tipo de periodismo y generar un aprendizaje, el jurado desea compartir sus percepciones durante la difícil tarea de selección de los trabajos finalistas. En este sentido, hemos detectado con preocupación que, algunos participantes, luego de haber elegido con inteligencia y pericia buenas historias, no lograron desarrollar todo el potencial de sus textos por falta de trabajo de campo, de reporteo o de entrevistas con personajes centrales y secundarios de su historia. En algunos casos, para la elaboración de un perfil, sólo se ha recurrido al testimonio del perfilado. En otros, el reporteo y el trabajo con las fuentes ha sido más exhaustivo, pero se ha visto deslucido por la falta de esmero en el uso del lenguaje, en la selección de las palabras o por la ausencia de una estructura narrativa sólida. Creemos que el género se nutre bajo la consigna de que todo periodismo es de investigación o no es periodismo, y que los recursos narrativos, lejos de ser un adorno, son necesarios para iluminar la realidad de lo que se cuenta, transmitir una experiencia, profundizar en el conflicto, e interpelar las creencias y los prejuicios del lector.

 

Más allá del esfuerzo y la heterogeneidad de los temas, el jurado ha encontrado, además de un falta de atención al detalle o de conocimiento de los territorios, carencias en el reporteo, utilización de lenguaje burocrático y la apelación a lugares comunes y recursos superficiales a la hora de contar la historia.

 

El jurado ha elegido los textos que considera que han logrado mejor sus objetivos. Siguiendo la propuesta de los organizadores de ampliar de siete a diez el número de finalistas —quienes compartirán un taller de edición que puede terminar en la publicación de un libro—, hemos seleccionado crónicas en un segundo y tercer nivel. Convencidos de que poseen un gran potencial, creemos que sus autores pueden aprovechar la oportunidad de seguir trabajando su texto en la instancia del taller para superar los escollos de una primera escritura. Se invitará a los autores a volver al terreno, y a reescribir en función de las necesidades de la historia, y la consecución de un tono. Consideramos esta instancia no sólo de formación, sino de compromiso y entusiasmo con el género, algo que suele perderse en las rutinas productivas exigidas en la mayoría de los medios hoy.

Luego de la deliberación, el jurado integrado por los escritores y periodistas Juan Carrá, Eliezer Budasoff y Sonia Budassi, ha elegido como finalistas, sin orden jerárquico, a los siguientes textos:

 

 

Alemanía: los habitantes de un pueblo fantasma. Por Guillermo Salvador Marinaro.

Entre lo bello y lo enfermo. Por Agustín Nicolás Aranda.

El gato volador. Por Ezequiel Franzino.

Pequeños narcos Mendoza-Chile. Por Armando Fabián López Grienti.

Agua negra. Por Juan Pablo Morales.

El aparecido. Por Sol Aliverti.

El hilo de la historia. Por Diego Alberto Slagter.

Adorar a Alá en la tierra de Dios. Por Ezequiel Casanovas.

El sospechoso perfecto. Por César Agustín Martínez.

Crónicas de una lunática. Por Florencia Gordillo.

 

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Párrafo aparte merece la crónica Tumba o libertad, realizada por un grupo de internos de la Unidad 9 La Plata en el taller El Ágora, que llegó a las instancias finales del concurso. Por el esfuerzo y la voluntad que implica escribir en un contexto carcelario, los organizadores del concurso decidieron otorgarle una mención especial e incluirla en el libro.