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Cuatro años después de la muerte Foucault en 1988 se celebró el Encuentro Internacional “Michel Foucault philosophe” del cual participaron, entre otros, prestigiosos académicos como Georges Canguilhem, Etienne Balibar, Gilles Deleuze o François Ewald. Allí discutieron por primera vez, de manera profunda, los sentidos de la obra del pensador francés. Casi treinta años más tarde, estableciendo una filiación con ese primer evento, el Coloquio Internacional “Foucault(s) 1984–2014” apostó a revisitar los aportes de su pensamiento, esta vez poniendo el énfasis en la actualidad de sus usos, en las ramificaciones y las apropiaciones que se han hecho hasta hoy.

 

Es curioso lo imponente de un escenario como la Sorbonne. Aún sin quererlo, en esos mega-auditorios de madera labrada, con asientos dispuestos en la continuidad de una tabla (si sos público no hay diferenciación ni individualidad posible), bajo la mirada atenta de un Richelieu de mármol, las ideas se pontifican y cristalizan como en un Templo ofrendado a El Saber. 

Quizá aquí una paradoja: Foucault, quien constantemente luchó contra la idea de Autor, se estaba consagrando como tal. En un lugar, las universidades prestigiosas parisinas que, por muchos años, le negaron el acceso por su condición de homosexual declarado (no seamos ingenuos en creer que era el único), obligándolo a un peregrinaje por diferentes países (entre ellos un puesto como docente en la Universidad de Túnez en 1966) e instituciones consideradas periféricas. No fue sino hasta 1970 que pudo finalmente entrar en el College de France.

 

Y aquí estaba, tres décadas después de su desaparición física como eje articulador de un Coloquio maratónico (3 días, 36 expositores, más actividades culturales a la noche) con una plena concurrencia de público que nunca bajó de 60 personas: estudiantes que viajaron desde diferentes países de Europa, y curiosos atraídos por la figura mítica del pensador colmaron el auditorio.

 

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Quizá, se trata de una mirada ingenua, poco sofisticada de quien relata pero ese temor a consagrarlo como Autor estaba presente en las constantes referencias a la necesidad de no monumentalizar a Foucault. La apuesta estuvo en desplegar las ramificaciones de un pensamiento no establecido de buenas y para siempre, que se actualiza en los usos y abusos de sus escritos. La pluralidad de abordajes marcó la organización del Coloquio a partir de Exposiciones Centrales y Mesas Redondas que apostaron a correr el  eje de la pura filosofía para poner en relación la relevancia del pensamiento de Foucault en diferentes campos disciplinares. Parte de las conferencias fueron encomendadas a quienes curaron sus Cursos en el College de France, todas publicaciones post-mortem que emergieron en  las últimas décadas aún cuando el mismo Foucault había explicitado su negativa a la circulación de materiales inéditos (pero bueno, eso forma parte del mundo de las sutilezas del derecho y de las comidillas de los negocios editoriales que poco importan a esta apostilla). Pero no se limitó a ello: la relación con los Estudios Postcoloniales y Feministas estuvo a cargo de la reconocida Judith Butler y Ann Laura Stoler. El polémico vínculo con la Historia (o debería decir con los historiadores) fue recuperado en una Mesa Redonda en la cual participó Jacques Revel, quien fuera de los primeros en reconocer los aportes de Foucault a la disciplina. Las relaciones de poder, las asimetrías, las posibilidades de resistencia fueron recuperadas, cuestionadas y polemizadas por Etienne Balibar, Judith Revel, François Ewald, entre otros. La lectura de las Ciencias Sociales estuvo a cargo a Christian Laval, Pascal Gillot, Sandro Chignola. Junto a otros, anudaron en sus exposiciones las líneas de investigación que abrió el pensamiento foucaulteano.

 

Si algo tuvo de particular la convocatoria de este Coloquio fue el encuentro entre generaciones: aquellos que compartieron vivencias, debates y el clima de época con Foucault, y jóvenes estudiosos que apuestan a una apropiación para pensar la actualidad. Y es que no hubo grandes novedades en cuanto contenido, sino más bien una consolidación de las líneas interpretativas de la filosofía foucaulteana que se han desplegado en la última década (y se diferencian de aquellas predominantes en los 1980s y los 1990s): gubernamentalidad, biopolítica y biopoderes, subjetivación y resistencia. Una de las riquezas del Coloquio radicó en el hecho de que operó como un punto de capitoné del abanico de posibilidades de un pensamiento que apuesta a la apertura y a la puesta en crisis más que a la estabilización conceptual. A treinta años de su muerte, los foucaults (con minúscula y plural) constituyen una de las maquinarias analíticas predominantes en la actualidad de las Ciencias Sociales, Históricas y Filosóficas.