UnPoyoRojo

 

 

Por: Christian Schmirman

 

Un vestuario de gimnasio es uno de esos lugares circunstanciales y públicos en los que convergen la desnudez y la paridad, donde los límites de las categorías y casilleros de la vida cotidiana se vuelven difusos. En este contexto transcurre Un poyo rojo, dirigida por Hermes Gaido: sobre una estética minimalista (apenas dos lockers, un banco de madera y un espejo), sus dos protagonistas, Alfonso Barón y Luciano Rosso, exploran con destreza los límites del lenguaje corporal y el dominio de las posibilidades físicas y expresivas de la danza.

 

Al inicio, el único sonido que se oye en la sala es un silencio casi completo. Hacia el fondo del escenario, en la semioscuridad, los dos atletas practican ejercicios de estiramiento.  Apenas se percibe la respiración acelerada de los dos bailarines y el chasquido de sus pies sobre el suelo de goma. Cada vez que frenan, sus cuerpos -casi exhaustos- quedan oscilantes por un breve lapso. Cuando parecen congelarse, enseguida retoman el ritmo vertiginoso de los movimientos.

 

Al modo de los pasos de comedia, con el correr de la historia las situaciones se aceleran y repiten cíclicamente. La pieza, con usos del clown y el mimo, utiliza las miradas, lo gestual y lo físico para construir los momentos de atracción y rechazo entre los protagonistas.  Como complemento, el uso de una radio en vivo, utilizada para una secuencia hilarante de conquista, aporta improvisación y espontaneidad. El aparato, de algún modo, “habla” por los personajes: ellos acompañan y se apropian con gestos y expresiones los contenidos de las emisoras.

 

El arte contemporáneo posee una complejidad intrínseca para circunscribir géneros, en tanto experimenta con constantes adiciones y estilos. Así, parecería que casi todo puede formar parte deUn Poyo Rojo: performance, pastiche, taichi, gimnasia, deportes, etc.  Al modo del personaje seducido en la obra, de seguro vale la pena dejar que el romance sea el hilo conductor, y entregarse a una experiencia provocadora y estimulante.

 

Si en un primer momento se creía que la danza debía ser culta y solemne, en la primera mitad del siglo XX  autores modernos como Martha Graham, Doris Humphrey y Merce Cunningham pusieron esa idea en cuestión. Años más tarde, en los setenta, algunas vertientes posmodernas de la disciplina cuestionaron desde los propios movimientos esos postulados. Al recorrer la historia de esa búsqueda de un lenguaje propio y del reconocimiento de la danza como un arte singular, resulta interesante pensar que Un Poyo Rojo vuelve a reencontrarse con la idea de referente y que, además de, jocosa y festiva logra ser experimental y poética. En esta característica reside, probablemente, la popularidad de la pieza.

 

 

Foto: Prensa Un Poyo Rojo

 

 

 

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Un Poyo Rojo. Con Alfonso Barón y Luciano Rosso. Dirección de Hermes Gaido. Coreografía de Nicolás Poggi y Luciano Rosso. En el teatro El Galpón de Guevara:Guevara 326, CABA. Funciones: viernes  y sábados 23.00 hs. Entradas: $ 150. Hasta el 30/05/2015.