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Después del brindis, llegó la fiesta. Habíamos presenciado la laudatio de nuestro director Cristian Alarcón y de la doctora en literatura comparada Anna Kazumi Stahl y la entrega del Doctor Honoris Causa a los escritores Paul Auster y John Maxwell Coetzee a cargo del rector Carlos Ruta. Y con el festejo, llegó el baile.

Si Anfibia se propone desmalezar la compleja realidad latinoamericana, la música para festejar nuestros dos años de existencia tenía estar a tono con el proyecto. La cumbia, entonces, no podía faltar. Tocó La Delio Valdez y mal no elegimos. La orquesta tradicional de cumbia colombiana había sonado hace dos años en nuestra presentación al mundo. Ayer nos encontramos nuevamente, más maduros, más anfibios.

Había caras conocidas, de integrantes de la Universidad Nacional de San Martín y de lectores que cruzamos en otros eventos, que participaron de nuestros talleres, que interactúan con nosotros a través de las redes sociales. Compartir ese espacio con la certeza de que nos conocemos desde hace tiempo nos confirma que somos una comunidad.

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El show de la Delio Valdez duró una hora y media. En su mejor momento, sin aviso previo, las luces se prendieron: un intento abrupto para cerrar la noche. En medio de los murmullos, alguien pidió hacer un trencito para evitar que el baile terminara. El método de presión funcionó y hubo tiempo para seguir celebrando con los reflectores encendidos.

Festejar un cumpleaños es un ritual. Así como los nacimientos, los casamientos, las graduaciones. Ayer festejamos también nuestro nuevo diseño y por eso pensamos esta celebración como un rito de pasaje: entramos en una nueva etapa. Desde hace unos días, empezamos a cambiar la piel.