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Por Redacción Anfibia

 

Hace una semana, los tres jurados del premio Crónicas Interiores recibieron un mail de los organizadores.

 

“Haciendo una rápida evaluación, el premio se movió mucho, fue difundido en muchísimos medios chicos y grandes de varias provincias y para ser un primer intento, estamos más que contentos. Nos han llegado trabajos de varios lugares, pocos de Córdoba, por ejemplo”.

 

Pero una línea más abajo, el tono festivo se tornaba lúgubre.

 

“A menos de una semana del cierre de concurso Crónicas Interiores, hay unas 35 propuestas”.

 

En el medio de las sierras de Córdoba, de vacaciones con su novia embarazada subido a una terraza tratando de conseguir algo de señal, Waldo Cebrero escribía:

 

“Hay anécdotas, ficciones, relatos personales y todo eso que se presta a interpretaciones cuando uno habla de `crónica`. Ese va a ser el primer filtro. Como enseñanza, aprendimos que los periodistas somos bastante perezosos y si no nos están apurando, no mandamos nada. Pero queda pendiente para el año que viene”.

 

A pesar del esfuerzo, de los llamados para difundirlo, de las presentaciones del director de la Revista Anfibia Cristan Alarcón en Córdoba Capital, los textos eran pocos.

 

Tanto Cebrero como Andrés Acha sentían, se habían metido en un lío. Dos periodistas haciendo un concurso nacional. ¿Sería demasiado? Tenían la confianza del sindicato de Luz y Fuerza, pero no se podían relajar, habían comprometido a mucha gente, periodistas que hicieron notas en medios locales y nacionales, los jurados Sergio Carreras, Dante Leguizamón y Federico Bianchini, la Editorial Recovecos y la revista Anfibia. Si el concurso era un fiasco iban a quedar pésimo.

 

Hablaron por teléfono. Palabras, silencio. Palabras, silencio. “Parecíamos dos tipos que estaban desarmando una bomba”, dice por chat Cebrero.

 

Andrés pensaba que si llegaban 40 textos, el resultado sería un éxito. Una amiga de él le decía que no, que seguro iba a haber más de cien, que la gente siempre quiere contar sus cosas y el premio era una buena excusa para hacerlo. Además, era el primer concurso centrado en el interior. Ella, más de cien. Andrés, con cuarenta estamos bien.

Apostaron un asado con vino rico.

 

La novia de Andrés también está embarazada. En el departamento en el que viven ya no entran. El mes que viene se mudan a una casa con patio en la que van a poner una hamaca, una pelopincho y muchas plantas.

 

Allí va a ser el asado. Pagará Acha, porque en los últimos dos días, llegaron unos 60 textos más. 

 

En total, más de dos millones de caracteres.

 

La preselección la harán ellos dos junto a un integrante de la editorial Recovecos, que luego publicará un texto que incluirá al ganador y a seis finalistas.

 

Todavía no empezaron.

 

Más de dos millones de caracteres.

 

“Estamos muy contentos”, dice Cebrero. “Habrá que leer como culiados”.