Sudáfrica post-apartheid

La deuda de las Panteras Negras

Frente a las desigualdades entre blancos y no-blancos, ¿es posible pensar una Sudáfrica sin racismo? Laura Efron, investigadora del Programa Sur Global de UNSAM, fue invitada al seminario “Johannesburg Workshop in Theory and Criticism”. Allí recorrió Johannesburgo, Ciudad del Cabo y otros lugares clave para revisar la historia del apartheid. En este ensayo, analiza los modos de procesar aquellos traumas a través de la política, las prácticas cotidianas y el rol de los intelectuales. ¿Es posible crear vínculos no-racializados para la transformación social?

Me siento algo fuera de lugar visitando la tumba de Steve Biko, líder del movimiento de Conciencia Negra. Como historiadora materialista que soy, posar frente a la cámara para luego poder decir “yo estuve donde está enterrado Steve Biko”, me resulta incómodo. Luego de un rato de estar parados en silencio, uno de mis compañeros de viaje dice: “Gracias Steve por haber peleado, por haber compartido tus ideas y habernos enseñado a defender lo diferente… a valorarlo y a luchar por su igualdad de condiciones”. Miembros del grupo comienzan a cantar canciones de resistencia y plegarias en varios idiomas. Llegado ese momento, resulta  imposible que el escepticismo me gane. ¿Quién hubiese dicho que un seminario académico podría generar tales sensaciones? Cuando el 29 de junio me subí a un colectivo que recorrería más de 3000 kilómetros de suelo sudafricano junto a sesenta intelectuales, académicos y artistas de distintos rincones del mundo no me lo imaginaba. Participar como investigadora del Programa Sur Global en el noveno seminario “Johannesburg Workshop in Theory and Criticism” –organizado por el WitsInstitutefor Social and EconomicResearch, Wiser, Universidad del Witwatersrand, Johannesburgo- implicaba no sólo asistir a una serie de conferencias. Implicaba, aunque aún no lo supiera, exponerme y abrirme a ser interpelada por esas experiencias; cuestionarme a mí como historiadora africanista pero sobre todo como todas las otras cosas que también soy.

 

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El eje de trabajo se focalizaba en los archivos del no-racialismo. El concepto tiene una historia particular para el caso sudafricano. En una sociedad que ha sido largamente dividida en términos raciales y racistas entre blancos y no-blancos –entre privilegiados y explotados, entre sujetos con y sin derechos plenos- el presente democrático genera preocupaciones en torno a cómo saldar ese pasado traumático.  

 

La idea de los archivos del no-racialismo busca rescatar los proyectos que se proponían rechazar las discriminaciones racistas impuestas desde el Estado del apartheid. La propuesta central del seminario era reflexionar sobre los aportes de tales proyectos en la reconstitución social sudafricana del futuro. ¿Es posible pensar una Sudáfrica sin racismo? Una sociedad sin racismo, ¿es necesariamente una sociedad sin distinciones raciales? ¿Quiénes tienen derecho hoy a adscribir a identidades raciales y por qué? ¿Es la raza el único elemento que permite reclamar por indemnizaciones en la Sudáfrica pos-apartheid? ¿Cómo podremos saldar los sufrimientos de aquella época y construir una sociedad integrada a partir de las diferencias? 

 

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El seminario fue itinerante: recorrió varias ciudades y pueblos claves en la historia sudafricana como Johannesburgo, Mbabane (Suazilandia), Durban, Qunu, Ginsberg/King William’s Town, Knysna y Ciudad del Cabo. En museos, caminatas, eventos musicales y exposiciones académicas, el objetivo era revisar la historia sudafricana a partir de las reflexiones en torno al pasado-presente y abrir preguntas sobre el futuro.

 

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El viaje empezó en Johannesburgo, la ciudad comercial más importante del país, cuyos orígenes se remontan a fines del siglo XIX cuando se descubrieron yacimientos de oro en la región y comenzaron a ser explotados por la población blanca. Haber sido la ciudad minera por excelencia y uno de los polos económicos centrales la distingue del resto.

 

En la apertura se presentaron las memorias de Ahmed Kathrada en diálogo con Achille Mbembe, teórico poscolonial, profesor de historia y ciencias políticas. Kathrada fue miembro de Umkhonto we Sizwe, brazo armado del Congreso Nacional Africano (ANC), durante la lucha contra el Apartheid, y fue juzgado en Rivonia en 1963-64 junto a otros líderes principales del ANC. Si bien todos fueron sentenciados a prisión, sólo un grupo fue enviado a Robben Island, una inhóspita isla a doce kilómetros de Ciudad del Cabo, que funcionaba como cárcel para presos políticos. Nelson Mandela pasó más de veinte años en ella.

 

Pero la charla entre Mbembe y Kathrada no se centró en sus años de militancia política. Mbembe inició el encuentro preguntando por su infancia en Schweizer-Reneke, un pequeño pueblo situado en el Transvaal, durante el período previo a la instauración del apartheid. Kathrada recordó cómo jugaba con sus vecinos a la pelota sin atender a las diferencias raciales y cómo, una vez que ingresaron a la escuela primaria no pudieron estudiar juntos por la separación impuesta. Ninguno de los niños ni sus respectivas familias, sin importar su color, entendían por qué era necesario dividirse.

 

Al recuperar las experiencias no racistas -presentes en sus Memoirs- se priorizan otras historias del pasado sudafricano en vez de la tan dominante versión de la lucha del ANC contra el apartheid. Kathrada contó su relación amorosa con Silvia, una mujer blanca con quien logró mantenerse comunicado mientras se encontraba preso: escondían mensajes de amor entre la ropa enviada a lavar fuera de la prisión. Mbembe y Kathrada demostraron que recuperar ese pasado era tan importante como crear espacios de escucha verdadera en el presente. Primera lección del seminario.

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Luego de tres días en Johannesburgo, nos subimos al micro rumbo a Suazilandia. Cuatrocientos kilómetros de viaje donde debatimos a “micrófono abierto”. El país nos invitó a experimentar las convivencias del pasado y el presente en un mismo espacio-tiempo a partir de las exposiciones de Françoise Vergés. Directora de Estudios poscoloniales en Collège d’études mondiales, periodista, activista, doctora en Ciencias políticas y Estudios de Género, Vergés participó de múltiples proyectos de memorialización de la trata esclavista en Francia y La Réunion. Su charla giró en torno a la historia del racismo y sexismo involucrados en la producción capitalista de bananas. Luego, las lecturas de poemas de Wopko Jensma por Richard Quaz Roadt, joven escritor y poeta, promotor de la escritura creativa en la Universidad de Johannesburgo, y las charlas con cinco ciudadanos de Swazilandia.

Dos mujeres adultas contaban sus experiencias de quema de bibliotecas, persecuciones políticas y amenazas por querer publicar notas sobre lo que estaba sucediendo. Uno de los hombres se reía de sí mismo al contar cómo vivía sus días bajo los efectos de diversos estupefacientes, otro recordaba haber ido preso por casarse con una mujer de otro color, y otros evocaban sus amoríos. Es sabido que durante el apartheid muchas parejas mixtas sudafricanas huían a Swazilandia para poder estar juntos libremente. Por lo visto, en tiempos de violencia, el amor también puede tener un lugar importante a la hora de resistir las discriminaciones raciales. Recuperar las historias de amor en tiempos de lucha fue la segunda lección.

 

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Durban fue una ciudad lujosa en la década de 1960 y hoy parece congelada en el tiempo. Allí se asentó la mayor cantidad de población migrante del Subcontinente Indio y muestra las mezclas culturales, religiosas e históricas de las relaciones inter-océanicas. Hoteles mirando al mar se entremezclan con casinos y bares típicos, viejas iglesias conviven con edificios de empresas internacionales, museos, centros culturales, shoppings y el puerto. El profesor DilipMenon (Center of IndianStudies in Africa, Universidad del Witwatersrand) disertó sobre los cruces y los imaginarios compartidos entre India, Sudáfrica y Estados Unidos y, el profesor Sharad Chari (Center of IndianStudies in Africa, Universidad del Witwatersrand) sobre la historia de los inmigrantes en la provincia de KwaZulu-Natal. Así, el debate acerca de los archivos del no-racialismo se aplicó a los vínculos intercontinentales.

 

La visita al Nelson Mandela Museum en Qunu y el recorrido por Ginsberg/King William’s Town, pueblo en el que nació Steve Biko, fueron acompañados de las exposiciones de los profesores GhassanHage (académico libanés-australiano, Doctor en antropología y teoría social, Universidad de Melbourne) y Kelly Gillespie (Dra. en antropología por la Universidad del Witwatersrand). Hage brindó un conjunto de herramientas teóricas de la sociología y la antropología para enfrentar los problemas conceptuales a la hora de aplicar las nociones de anti-racismo y no-racialismo. Propuso un nuevo concepto: lo “a-racial”. Desde esta perspectiva es posible comprender los límites históricos de racismo y antiracismo, a partir de la imposibilidad de erradicar el pensamiento racial como forma de resistencia. A la vez, el concepto de “a-racial” abre la posibilidad de construir un modo de existencia caracterizado por la indiferencia radical hacia la raza.

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Las preocupaciones de ambos académicos en torno a los conceptos (viejos y nuevos) nos muestran los límites del lenguaje para repensar el presente, construir nuevos paradigmas de análisis y proyectar otros futuros. ¿Es posible crear vínculos no-racializados? ¿O no racistas? Abrir estos espacios de incertidumbre es una forma de empezar a tratar de pensar nuestro presente-futuro de modos diferentes. Las preguntas, y no las respuestas, son el motor de cambio. Tercera lección del viaje.

 

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La historia de su temprana colonización distingue a Ciudad del Cabo del resto. Muchos sudafricanos la desprecian por su tendencia liberal blanca: dicen que no es Sudáfrica. Pero lo es tanto o aún más que las otras ciudades del país. Las edificaciones de estilo inglés y holandés se entremezclan con las playas y las montañas, mientras un cerco de zonas empobrecidas recorre los límites del centro de la ciudad. El paisaje de los Cape Flats y Khayelitsha dan cuenta de la historia de desplazamientos forzados durante el apartheid y sus efectos aún vigentes en la “nueva” Sudáfrica. Table Mountain, presentada como una joya de la naturaleza en las guías turísticas, esconde tras de sí el quiebre entre las zonas “blancas” y “no blancas”: las zonas ricas y pobres respectivamente.

 

A pesar de ser cosmopolita, moderna y multicultural, Ciudad del Cabo aún exhibe las huellas del racismo sudafricano.

 

Angela Davis cerró el ciclo de exposiciones con un panel sobre solidaridades trasnacionales en las luchas contra el racismo ante un auditorio repleto de jóvenes estudiantes, adultos involucrados en movimientos de resistencia al apartheid, mujeres de movimientos feministas y nosotros.

 

Miembro de las Panteras Negras, militante en contra del racismo en los Estados Unidos, feminista, activista social, filósofa, Angela es mucho más que sus adscripciones institucionales y formales. Actúa tal como profesa: nos invita a desarrollar discursos que no sean extravagantes sino basados en la realidad y que nos permitan comunicarnos entre todos. Y propone una cuarta lección: que los pensamientos y las acciones se relacionen y retroalimenten a partir de la vida cotidiana.

 

Su exposición en el Centre of the Book resumió los grandes ejes de debate del seminario: las relaciones raza-clase, sus rupturas y continuidades históricas, el lugar del sacrificio, el anti-racismo y el no-racialismo como propuestas diferentes y los proyectos y posibilidades de acción en la actualidad.

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¿Qué impacto podemos tener en la sociedad si seguimos posicionándonos como académicos o intelectuales? ¿Qué papel deberíamos intentar ocupar? ¿Cómo podemos aportar en la búsqueda por formas no-racistas de relacionarnos con los otros? Mientras nos sigamos haciendo preguntas, será posible pensar una transformación social. Pero la única forma de lograrla es a través de las acciones.

 

En un año en que se cumple el veinteavo aniversario de la democracia en Sudáfrica, nos parece relevante revisar las categorías raciales y las dinámicas racistas propias de la sociedad sudafricana. Si bien debemos celebrar la continuidad y estabilidad del régimen democrático, luego de veinte años de la salida del apartheid, aún quedan viejas deudas por saldar. El racismo sigue moldeando las desigualdades socio-económicas del país.

 

Steve Biko no pudo ver el fin del régimen racista. Murió asesinado mientras promovía revalorizar la identidad negra, una identidad abierta a todos aquellos segregados y menospreciados, sin importar realmente su color de piel. Sus ideas fomentaron la unidad entre grupos que históricamente habían sido separados y marcados como diferentes. La revalorización de lo negro invitaba a cuestionar al racismo y a construir nuevos vínculos de solidaridad que por su propia existencia iban en contra de las bases del apartheid.

 

Las prácticas no-racistas y los valores del Movimiento de Conciencia Negra se perdieron en el tumultuoso camino de las negociaciones políticas que derivaron en la conformación de la “Nueva Sudáfrica”. Sin embargo, tales ideas siguen vivas en la sociedad civil. Aquellos que experimentaron, gracias a las palabras de Biko, esa sensación de orgullo y felicidad por ser diferentes siguen promoviendo y reproduciendo esos vínculos no racistas en su vida cotidiana. Quizás sea hora de que volvamos a involucrarnos en la generación de cambios ya no sólo desde los espacios de reflexión sino también, y por sobre todo, a partir de nuestros actos cotidianos.

Por: Laura Efron

Laura Efron se graduó como historiadora en la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como investigadora del Programa Sur Global (UNSAM) y en la UBA.