Elecciones en Colombia

El país del Duque

Ocho millones de colombianos no querían el país que se eligió. Escritores, periodistas, activistas y ambientalistas dan su lectura de lo que se vendrá en los próximos cuatro años. Esto es, para ellos, lo que está en juego

Texto original de CeroSetenta

 

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Gloria Susana Esquivel

Escritora

 

Después de saber los resultados electorales de la primera vuelta sentí un extraño optimismo. Estaba convencida de que a la segunda vuelta pasaría un candidato como Germán Vargas Lleras, nunca Gustavo Petro. Además, al sumar los votos de Petro,  Fajardo y De la Calle aparecía una mayoría ciudadana que no se dejaba convencer por el uribismo y que estaba pidiendo un cambio. Al ver la transmisión de las noticias, donde la guardia indígena le daba la bienvenida a Gustavo Petro en su sede, vi por primera vez la posibilidad de un país incluyente, que no le da la espalda a su memoria y que le apostaba a la reconciliación.

 

El optimismo rápidamente se transformó en energía: un candidato de izquierda, con una fórmula vicepresidencial feminista pasaba a segunda vuelta y había hacer algo.  El panorama no era el de hacía cuatro años en donde derecha y derecha se disputaban la presidencia. Un candidato que defendía los derechos de la comunidad LGBTI, que hizo de la igualdad de género una bandera de su campaña, que estaba interesado en preservar el medio ambiente y que le apostaba a la salud y a la educación pública había logrado desviar la desinformación frente al socialismo y había puesto sobre la mesa todos estos temas para ser considerados por la ciudadanía. Fue como un contagio. Un podcast aquí, un meme allá, una columna en internet, reuniones en universidades para discutir el programa de Petro, un grupo de gomelos en Facebook, una canción que se volvió viral. Aparecía contenido inteligente que apoyaba a Petro, hecho por la ciudadanía, empaquetado entre la sátira y la creatividad.  Sentí que algo estaba pasando. Alrededor de la campaña de Petro se estaba creando un movimiento que solo surge de la vitalidad de quien quiere un cambio. No se valía pensar con resignación. Las ciudadanías libres entendían que era posible discutir, imaginar y crear como antídoto frente a la violencia estructural, la maquinaria y la homofobia.

 

Ahora la esperanza deja de ser el posible gobierno de un hombre que le ha hecho oposición férrea al uribismo y de una mujer que ha hecho una carrera política a partir de buscar equidad de género. Vuelve a ser esa cosa con plumas, como decía Emily Dickinson. Gobernará la derecha, la economía extractivista, la posibilidad de detener el proceso de paz, el apoyo del narcotráfico y el paramilitarismo. Gobernará una mujer que jamás ha defendido los derechos de las mujeres, que se ha opuesto al matrimonio igualitario y al aborto.

 

Frente a ese aciago panorama no queda nada más que hacer oposición. Salir, señalar, reclamar, gritar, imaginar, satirizar. Entender que somos ciudadanos, que nuestras acciones políticas afectan a los gobernantes y que, aunque esta vez fueron mayoría, somos ocho millones de ciudadanos que queremos una Colombia inclusiva, más justa y humana en donde se respeten el agua y los derechos.

 

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Catalina Ruiz-Navarro

Periodista

 

Con la llegada de Duque vuelven una amenaza para los derechos de las mujeres: el ex-procurador destituído por corrupción, Alejandro Ordóñez. Durante ocho años en la procuraduría, Ordóñez hizo todo lo que pudo para quitarnos a las mujeres y niñas el derecho a un aborto legal y seguro ganado en 2006. Ordóñez trató de criminalizar a mujeres que abortaban legalmente, a los médicos que practicaban las interrupciones voluntarias del embarazo y a los jueces que, siguiendo la ley colombiana, autorizaban los procedimientos. También usó su poder para demandar a defensoras de derechos humanos como Mónica Roa. La llegada del uribismo le da nuevo el poder a Ordóñez, quien no escatimará esfuerzo para el retroceso de nuestros derechos.

 

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Más grave aún es la posibilidad de que se “haga trizas” el Acuerdo de Paz. El Acuerdo es especialmente importante para las mujeres campesinas, afro, indígenas y todas las mujeres que habitan los territorios de conflicto o que han sido desplazadas y quieren regresar a su hogar. El conflicto colombiano hizo de los cuerpos de las mujeres un botín de guerra y de la violación una estrategia de dominación de los territorios. A pesar de que los daños para estas mujeres con inconmensurables, son ellas las que han trabajado históricamente por la construcción de paz y la reparación. Sus sueños de una Colombia en la que puedan vivir en paz se harán trizas junto con el acuerdo.

 

En su campaña, las propuestas de Duque para las mujeres fueron inexistentes, pues el uribismo asume que para garantizar los derechos de las mujeres basta usar la palabra familia y esto es gravísimo pues no reconoce nuestra diversidad. No todas las mujeres son o quieren ser madres y no todas hacen parte de una familia tradicional. Esto tampoco reconoce a las mujeres trabajadoras sexuales, trabajadoras domésticas y trans quienes viven en una situación de altísima vulnerabilidad. Por otro lado, tampoco hay propuestas para garantizar el acceso de las mujeres a la tierra (que sí están en el ahora cáduco Acuerdo de Paz). Con presidente y su poderoso mentor que no reconoce la diversidad de vidas y nuestras necesidades urgentes, sin una comprensión de cómo la desigualdad de géneros allana el terreno para la violencia, no están en la capacidad de ofrecer soluciones.

 

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Jairo Castillo

Defensor de derechos humanos, Tumaco

 

La noticia, para nosotros, es un retroceso. El gobierno que hoy gana la presidencia no está interesado en los Acuerdos. Lo que le viene a Colombia y a la región del pacífico es complejo por la presencia de cultivos de uso ilícitos. No están aquí porque los queremos tener sino por el abandono histórico al que nos han sometido los gobiernos. Lo que ha pasado con el gobierno que gana, representado por Uribe Vélez, es complejo para la región. La burguesía colombiana que ha representado por más de 250 años a este país se unió con mentiras y calumnias a los medios de comunicación de la élite. No le dijeron al pueblo colombiano la verdad. Se acomodaron con el mejor postor.

 

Colombia necesita cambios estructurales para mejorar la calidad de vida en todos los territorios, especialmente los más marginados. Han gobernado a espalda de nosotros. Todo lo traen cocinado desde Bogotá. No nos dejan decidir sobre nuestro propio destino. Eso tiene que cambiar. Por ahora estamos en manos del rey de los cielos que es el que todo lo puede. Por ahora, no va a haber poder humano que nos saque del atolladero.

 

A pesar de estas situaciones, contra viento y marea le dimos la pelea en el municipio. Sacamos 22 mil votos mientras ellos sacaron 25 mil. Nosotros, sin una gota de agua, los otros con toda la plata del mundo para dar. Nos convertimos en una fuerza política, en la oposición que tenemos que hacer a nivel local y nacional. Estamos alegres. Es la primera vez que los movimientos alternativos consiguen una importante votación. Hemos ganado, no estamos derrotados. Vamos a seguir dando la pelea en todo el país. Somos seres de paz, esperamos que todo vuelva a la calma. Hay que reconocer que Duque ganó pero exigir que gobierne para todos.

 

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Alejandro Lanz

Director ejecutivo de Temblores ONG

 

En temas LGBTI tenemos alcances muy sólidos de nuestros derechos en términos jurisprudenciales y es difícil un retroceso. Pero lo preocupante es la ejecución y la aplicación de todas las órdenes judiciales de la Corte Constitucional que van a quedar a cargo de ministerios presididos por Iván Duque, en donde claramente hay acuerdos políticos por debajo de mesa y nos tocará esperar para saber quiénes van a ser esos ministro. Tendremos que ver si finalmente los apoyos de Vivian Morales y de Alejandro Ordoñez se van a materializar en estos cargos del Estado; ahí podremos mirar qué tan en riesgo están las órdenes judiciales, y cómo va a ser la implementación de la política pública LGBTI en el Ministerio del Interior, que será el ministerio clave para la materialización de nuestros derechos.

 

Otra de las grandes preocupaciones con Duque es la reducción de riesgos y de descriminalización de las personas que usamos drogas. Porque uno de los grandes puntos de la agenda de esta candidatura es echar para atrás todo lo de regularización de la dosis personal y de las dosis de aprovisionamiento. Ahí hay un grave problema para las ciudadanías que usan drogas, en términos de persecusión policial y criminalización forzada.

 

Por eso, una de las principales agendas del movimiento social es articularse, generar puentes entre distintos movimientos, —que fue lo que hicimos hoy— entre movimientos ambientalistas, reformistas a la política de drogas, feministas y LGBTI para luchar y articular agendas conjuntas que nos permitan unir nuestros esfuerzos y luchar más efectivamente.

 

Desde Temblores ONG propusimos tener una primera reunión para este viernes a la que vamos a convocar abiertamente a distintos movimientos sociales e integrar una mesa de participación y de priorización de agendas para negociar como movimiento social global lo que vamos a proponer. El movimiento social es reaccionario y tiene que reaccionar a las agendas del gobierno. Queremos comenzar a trabajar desde antes para articularnos y no sólo ser un movimiento social que responde, sino que propone una agenda determinada para luchar por los derechos de manera articulada. Esta semana convocamos a estos grupos, a estos movimientos sociales para ver cuáles son estos cuatro años de activismo y de lucha en los que vamos a encontrarnos.

 

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Silvia Gómez

Coordinadora de Greenpeace Colombia

 

La propuesta ambiental de Iván Duque se basa en el cumplimiento de los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París. Basado en esos objetivos, busca establecer un sistema tributario que estimule la inversión en energías renovables y la descarbonización del parque automotor colombiano. También ha hecho referencia a la grave deforestación que sufren los bosques y lo relevante que resulta la protección de los recursos hídricos.

 

Sin embargo, existen contradicciones importantes en sus propuestas. Quizás la más importante es que, mientras dice querer el impulso de una transición energética, el motor de su plan de inversión y potenciamiento económico tiene que ver con actividades extractivistas asociadas a la minería. ¿Qué privilegiará cuando se enfrente a un dilema medioambiental que implica una inversión millonaria con un alto impacto en nuestro medioambiente? Está por verse.

Duque tampoco ha sido claro ni categórico en su postura respecto de la urgente necesidad de prohibir el asbesto en el país. Se requiere saber con claridad si está junto a la salud de los colombianos o seguirá autorizando que se produzca y comercialice asbesto en nuestro país.

 

También su gobierno debe tomar la delantera en nuevas temáticas ambientales, como la batalla mundial que se está dando al plástico y las medidas tendientes a enfrentar los efectos del cambio climático en Colombia.

 

Es necesario que Duque ubique los temas medioambientales como una cuestión prioritaria de su gobierno y que las autoridades del ministerio estén a la altura del enorme desafío que enfrentamos como país en esta materia.

 

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Juan Camilo Restrepo

Ex jefe negociador del Gobierno con el ELN

 

Nos encontramos en un punto en que el acuerdo tiene unos procesos que por razones de presupuesto están estancadas. La situación fiscal del acuerdo de paz es delicada. Iván Duque tendrá que hacer un trabajo de revisar agenda y establecer prioridades del acuerdo, ya que, según la situación económica en la que estamos, no se podrá cumplir con todos los programas. 

Duque no considera que se puedan proseguir conversaciones de paz si no hay parte del ELN una decisión de enmarcarse dentro de un área geográfica específica. Lo que veo muy difícil que puedan acordar. Con Duque hay una iniciativa de volver a la fumigación, eso requiere unos cambios legislativos. Buscará hacerle ajustes a la fumigación aérea, al tema de la droga, lo importante es que los ajustes que haga se sigan ciñendo a los acuerdos establecidos dentro del proceso. 

De todas maneras, los acuerdos son de Estado y no se pueden meter a la basura. El presupuesto anual tiene que tener una parte muy importante que se centre en la financiación del proceso. Si no se trabaja esto, se seguirá en el momento estancado en el que nos encontramos. El Gobierno de Iván Duque tendrá que definir los puntos del acuerdo a los que le dará prioridad, hay una falta de recursos que se tiene que estudiar, para establecer qué continuidad se le da, y a qué programas.