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Por: Waldo Cebrero y Andrés Acha

 

 

Faltaba una semana para el cierre de la convocatoria al Premio Crónicas Interiores y en la casilla de mail había treinta y cinco trabajos. Habíamos comprometido a un sindicato, a una editorial, a una agencia de comunicación, a los tres jurados, al Staff de la revista Anfibia, habíamos insistido hasta resecar varias mentes. Decenas de diarios y revistas habían anunciado el concurso, nos habían hecho notas en radios de todo el país y en la casilla de correo había 35 trabajos. Ni siquiera todos eran crónicas: había relatos personales y ficciones que no entraban en competencia. Un fiasco, papelón seguro. ¿Y si no había seis trabajos de calidad como para publicar el libro que prometimos? ¿Y si no había ninguno que mereciera el primer premio? ¿En qué nos habíamos metido?

 

Nos costó dormir, pero dos días antes del cierre una catarata de crónicas y perfiles nos devolvió la calma. Fueron 126 textos, más de mil páginas de word, más de dos millones de caracteres. Había buenas historias, reporteos intensos, estilos novedosos, frescos y, sobre todo, territorios desconocidos.   

 

La idea del premio había surgido en noches de desvelo y aburrimiento de lectores, curiosos por conocer qué está pasando en Argentina más allá de Buenos Aires. Por saber quiénes cuentan esas historias desconocidas. ¿Qué pasa en La Pampa? ¿Qué preocupa en Misiones? ¿Cuál es el personaje más interesante de Tucumán? ¿Qué temas se discuten en Neuquén? 

 

No éramos los únicos. Cada vez que la contábamos, la idea iba prendiendo. Cada uno le daba un nuevo martillazo a ese pedazo de metal en bruto que fue tomando forma: un concurso federal de periodismo narrativo con un premio incentivo: un libro con los mejores textos y la promesa de ser una cantera de nuevas voces. El Sindicato Regional de Luz y Fuerza de Córdoba asumió el compromiso de financiarlo.

 

En una visita frenética a Córdoba, Cristian Alarcón definió al premio como “una oportunidad para crear una red de cronistas que en Argentina hoy no existe”. “Es un  tester de intensidades narrativas del interior, de conflictos sociales, de tensiones culturales, de acciones colectivas, de personajes literarios, de territorios desconocidos, de lo bueno y lo malo que nos ha pasado en los últimos años. Crónicas Interiores es una oportunidad”, dijo.

Ernesto Picco, ganador del concurso Crónicas Interiores

Ernesto Picco, ganador del concurso Crónicas Interiores

 

Por esos días de octubre de 2014, el jurado integrado por Federico Bianchini, Dante Leguizamón y Sergio Carreras trataba de discutir por skype para elegir al ganador y a los finalistas. No fue fácil: no sólo porque los textos tenían un nivel  muy bueno y parejo sino porque la conexión era mala y se caía a cada rato. Hablaba uno y de repente un sonido ahogado y, de nuevo: ¿hola? ¿hola? ¿Me escuchan? Finalmente, hablaron por teléfono.

 

“Los trabajos fueron una evidencia de la frescura y vitalidad que exhibe el género de la crónica en Argentina. Fue como un reencuentro con el género, un abrazo con docenas de nuevos autores”, escribieron, después de festejar la experiencia como egresados de secundaria. Unos párrafos más abajo, vino el tirón de orejas: “El jurado también consideró oportuno señalar que muchos trabajos que mostraban gran potencialidad y abordaban temas originales y atractivos, quedaron a medio camino porque se percibió falta de profundización en el trabajo de reporteo. En algunos casos eso se vio incrementado por cierta comodidad estilística (reiteración de fórmulas, regreso a lugares comunes, fortalecimiento de estereotipos, recaída en la mirada folklórica de lo que llamamos el Interior).

 

Entonces llegó la propuesta de Anfibia. Un retiro, un taller intensivo para leer, releer y mejorar los textos en el Viejo Hotel Ostende. A esta hora, en varias provincias del país, hay un puñado de personas poniendo en la valija las ojotas, el libro, la caña de pescar.

 

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De arriba a abajo y de izquierda a derecha, los autores son: Pablo Perantuono, Marcela Repossi, Juan Cruz Taborda Varela, Ángeles Alemandi, Adrián Camerano y Mariana Liceaga

 

Ángeles Alemandi viaja desde la Pampa. Es santafecina y antes vivió Entre Ríos y Buenos Aires, pero hace un tiempo recayó en un pueblito de tres mil habitantes donde el principal miedo era ser tragada por la llanura amarilla. Allí le fascinó lo insólito y lo ridículo de la fatalidad que hizo que un sillón en medio de la ruta marcara el destino trágico de un grupo de personas y lo escribió para el concurso. Así, de a poco, a medida que ponía letras sobre un archivo de Word se fue reconciliando con la inmensidad pampeana.

 

Mariana Liceaga viajó a Arequito, en Santa Fe, para ver de cerca de qué se trata la elección de la reina de la soja, esa planta que es la reina y villana de la Argentina. Le gusta salir a la ruta y se siente cómoda en los pueblos mínimos. Siempre anda con un cuaderno de notas en la mano.

 

Marcela Repossi, mendocina, lectora precoz de poesía, estudió, viajó, leyó, se enamoró algunas veces, se desenamoró y se volvió a enamorar.  En 2012 fue a un congreso de filosofía y se enteró de la vida excéntrica de la filósofa que lo había organizado. Hizo un perfil de la intelectual más rockstar de la Argentina: Esther Díaz.

 

El próximo mes sale la biografía de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, coescrita por Pablo Perantuono. Mientras terminaba el libro, Perantuono se hizo tiempo para mandar al Crónicas Interiores una historia que había guardado mucho tiempo en su escritorio. El caso de Ezequiel Ruiz, el chico de 13 años que fue atropellado por Jorge Agosti, el chofer de un colectivo. La madre del chico murió y el chofer seguía prófugo. Cuando se enteró de que Agosti había sido apresado mientras jugaba a las bochas en Necochea, comenzó la búsqueda. Le llevó varios meses pero reconstruyó el periplo de la familia de Ezequiel y el derrotero de Agosti.

 

Adrian Camerano vivió en Buenos Aires y Tierra del Fuego antes de llegar a Córdoba. Ahora va y viene por las lomas de Alta Gracia en una motoneta industria nacional modelo 59, que es la envidia de algunos peronistas. Quizás porque es ateo quiso contar cómo fue que el piso original de una iglesia jesuítica de esa ciudad, que es Patrimonio de la Humanidad, fue a parar a un baldío como escombro, porque a un cura se le ocurrió poner calefacción y aire acondicionado en el templo. Camerano se asume cultor del género “periodismo concursal”, una suerte de subgénero del oficio, no vinculado a quiebras y otras trapisondas económicas, sino a la participación en concursos como este.

 

Todas las tardes a las 20 Juan Cruz Taborda Varela se calza el traje y sale a la pantalla de Canal 10. Es la cara del noticiero central de la noche. Y aunque en la televisión hay que saber mantener ciertas formas y él sabe hacerlo, no esconde su fanatismo por Belgrano de Córdoba. Juan Cruz dirige una revista que es un fenómeno editorial en la ciudad. Matices nació barrial y hoy distribuye 100 mil ejemplares. Para el Crónicas Interiores se preguntó: ¿De dónde sale todo el cemento del país? 

 

Ernesto Picco nació en Santiago del Estero un martes de tormenta. Era trece y, dice, sobrevivió tres décadas, así que no cree en la mala suerte aunque confía en el azar. En el año 2000 viajó a Buenos Aires. Vendió historietas y trabajó de telemarketer. Después de diciembre de 2001 se volvió a Santiago. Estudió Comunicación Social, trabajó en una radio y en un diario. En 2010 ganó una beca del Conicet con la que terminó un doctorado en Ciencias Sociales. Trabaja en las dos universidades de Santiago. En 2012 empezó con un grupo de colegas el programa Foro 4200 en Radio Nacional, para hablar sobre los alcances de la Ley de Medios en la provincia y abordar los temas que la prensa tradicional calla en Santiago. Con sus compañeros siguió los casos policiales que después dieron lugar al texto con el que ganó el Premio Crónicas Interiores.

 

Este fin de semana, organizadores, finalistas y el equipo de la revista nos encontraremos en el Viejo Hotel Ostende, en la costa, para vernos las caras en el aula y las panzas en la pileta. Desde el 26 de febrero al 1º de marzo el equipo de Anfibia dará un taller intensivo de escritura, edición, imagen y difusión en redes, auspiciado por el Sindicato Regional de Luz y Fuerza de Córdoba. De ahí saldrán editados los textos para el libro que publicaremos en abril.