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Por Karina Ocampo*

 

Soledad Barruti, la autora del libro “Mal Comidos”, que realizó una investigación en la que describe la forma en que la industria alimentaria argentina nos está matando fue la protagonista del octavo encuentro anfibio. La curiosidad que despierta el tema es tan poderosa como el rechazo que provoca en los delatados.

La charla, coordinada por el editor de Anfibia Federico Bianchini empezó con Barruti contando la forma en que preparó su primer libro de no ficción: para llegar a más personas, buscó un tono que no resultara encriptado ni tedioso. Luego, relató la repercusión de la investigación, la animosidad que despertó en gente del agro, la invitación que recibió para “conversar” con el gerente de marketing de Monsanto en su propia oficina y la reacción corporativa similar a la de un novio despechado y vengativo: el intento de seducción, las amenazas y el desprestigio.

En la crónica “El Periodismo según Monsanto”, narra ese encuentro.

-Ellos sabían que yo iba a ir a Córdoba a presentar el libro y que iba a ir al acampe que tienen las personas en Malvinas Argentinas contra la instalación de la planta de semillas de Monsanto. Esto los ponía nerviosos porque estaba todo frenado y nada peor que no poder hacer nada después de haberlo intentado todo.

Hoy, a Barruti le siguen preguntando si es empleada de Monsanto, si es una espía encubierta detrás de una conspiración demasiado retorcida como para ser verdad.    

Ella respondió a cada pregunta con la misma velocidad con la que se disparaban sus ideas, el discurso se escuchó sólido. Empezó a escribir sobre el tema en 2010. Leyó, investigó, ofreció contenidos a medios y editoriales que la rechazaron hasta que le dieron espacio en Radar, el suplemento cultural de Página 12. Nunca pensó en que su interés por la producción de los alimentos terminaría convertido en un libro de Editorial Planeta. Que sería convocada a los programas para opinar como experta. Contó que después de hacer las doscientas entrevistas que terminaron en libro, encontró algunas certezas pero se abrieron más interrogantes que necesitan un espacio de reflexión.

-Me parece muy grave que no haya debate sobre la forma en la que se consume como país y las implicancias que tiene; sobre la idea de ciencia. Le hice una entrevista a Michael Pollan y él dijo algo que es importante: “hay que leer la ciencia como política”. No podés pensar que la ciencia es algo ingenuo, que se hace por la capacidad altruista de una persona que quiere encontrar sus respuestas en el mundo. Hoy la mayor parte de la ciencia está pagada por grandes compañías.

Además de los lectores de Anfibia que accedieron a charlar con la periodista, también participaron de la charla vecinos de la localidad Malvinas Argentinas que viajaron desde Córdoba porque necesitan que el reclamo contra Monsanto se escuche en el Congreso y se gane la pulseada en el plano jurídico. Saben que la fumigación de agrotóxicos significa enfermedad y muerte pero se enfrentan a un animal difícil de detener sin una legislación que los ampare. Barruti los conoce y comparte la causa, aunque explica que no se considera una periodista militante. Y aclara que ejerce su profesión lejos del activismo del que la acusa la empresa de las semillas transgénicas.

Ante la pregunta de una politóloga alemana acerca del vínculo del ámbito académico con la industria, Barruti opinó que en algunas facultades no se desarrolla un pensamiento crítico y se apoya en una matriz productiva que no admite cambios: dijo que así queda poco espacio para la búsqueda y la investigación. La escritora planteó que debería difundirse la agroecología y la industria orgánica como opción, ampliar nuestra participación de “consumidores” a “ciudadanos responsables” capaces de analizar el vínculo con los alimentos de una manera más saludable y creativa.

 

¿Cómo se consigue modificar hábitos y paradigmas? ¿Por dónde se empieza?

 

En “Mal Comidos” se pinta un panorama desolador que puede empeorar si no intervenimos a tiempo. De esa cuestión habló Barruti en el final de la charla.

-El 60% de nuestra tierra, casi, está ocupado por soja transgénica que alimenta a los animales de China destinados a los humanos. Ningún sistema puede sostener la demanda que se exige de animales de otra manera que no sean estas granjas siniestras en donde los encierran.

Convertidos en productores de alimentos para la comida de la comida de mandíbulas extranjeras, en Argentina los suelos se vuelven estériles por el monocultivo sin planificación.

-Hay una necesidad de volver a la tierra. Hoy existen millones de recursos para dejar a los suelos mejores. Tenemos que reflexionar desde nuestra mesa el país que estamos formando, y qué tiempo va a tener de sobrevida. Todos somos actores sociales que podemos involucrarnos de alguna manera para que este problema se destrabe.

La clave, diijo Barruti, se encuentra en pensar en una transición hacia un sistema que desde la modernidad recupere las tradiciones y la soberanía de nuestras semillas, un pedido que hoy suena revolucionario.

 

Karina Ocampo es locutora de Cosal. Estudió comunicación en la UNLP. Es colaboradora de OhLaLá!, donde tiene un blog sobre alimentación consciente.